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“Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de sus presidentes”
Alguien dijo algo que al cabo del tiempo se volvió una forma de excusa: “Pobre México; tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Aceptar esto como verdad, me parece una de las formas de la resignación, disfrazada en este caso del azar, que determina el futuro histórico de los pueblos, a partir de elementos geográficos.
Cierto, entre otras muchas afrentas y agandalles, los gringos nos robaron la mitad de nuestro territorio. Sí, pero a las autoridades nacionales les faltaron los tamaños para evitarlo a toda costa. Así, ahora decimos indignados que el protomocho de nuestra historia, su alteza serenísima, Santana, les vendió Texas. Ello ocurrió tras una infructuosa campaña militar, en la que los del norte además de inmensos territorios, se adueñaron, a través del militar Adams, del chicle y la forma de mascarlo, ganando desde entonces millones de dólares.
Entonces, tal vez sea más exacto el giro que dio a la frase el magnífico escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, quien en un artículo publicado en la revista Vuelta escribió: “Pobre México; tan lejos de Dios y tan cerca de sus presidentes”. ¿O no?
En la época posrevolucionaria, tal vez salvo en el sexenio del General Lázaro Cárdenas del Río, el principal enemigo de la patria no sólo ha estado en casa, sino que ha sido quien ha dirigido su destino. Sí, nuestros presidentes no sólo han sido nuestros principales enemigos, sino quienes más han afectado a la patria.
Esto se acentuó a partir del gobierno de Miguel de la Madrid. Él, descaradamente, no sólo guió tecnocráticamente al país con mano derecha, llevando a cabo las estrategias y estratagemas que el fondo monetario internacional tuvo a bien ordenarle; además, permitió, tras unas elecciones fraudulentas, que Carlos Salinas de Gortari usurpara la presidencia. De entonces a la fecha, México ha sufrido un retroceso que lejos de salvarlo de ser un país pobre, lo ha convertido en un pobre país. ¿Por los gringos o por sus presidentes?
Abel Quezada en una célebre caricatura contaba que Dios dio todo a cierto país: costas, tierras fértiles, petróleo, riquezas minerales, animales y vegetales, etcétera… entonces uno de sus ayudantes le preguntó: “¿Cómo, señor, le das tanto a ese país? Es una injusticia” “No te preocupes, respondió el creador, ahí voy a poner a los mexicanos”.
La caricatura se volvió un clásico. Y querámoslo o no, señala rasgos esenciales de nuestro ser, tan mexicano: cierta estulticia, algo de apatía, una partecita de hueva, el ahí se va tan nuestro… Entonces, tal vez, el que México sea un pobre país, no se debe exclusivamente a nuestra cercanía con los Estados Unidos y a la rapacidad de nuestros presidentes, sino a nosotros mismos.
Una noche en Guadalajara, durante las pasadas elecciones intermedias, le pregunté al luchador social Gilberto Parra: ¿Cómo si fueras pitoniso respóndeme, cuándo crees que inicie en México un movimiento realmente fuerte, multitudinario, capaz de recomponer al país?” Muy serio, mi adusto amigo me respondió: “En primera, yo no soy pitoniso. Y un movimiento así, sólo va a comenzar cuando el pueblo asuma la responsabilidad que le corresponde”.
Creo que esa vez Gilberto Parra tenía razón. Porque si bien la cercanía con los gringos, sumada a la calidad de nuestros presidentes ha sido nefasta para el país, no podemos los mexicanos seguir siendo como los que Dios puso en nuestro territorio, según la caricatura de Abel Quezada.
Termino citando a Andrés Manuel López Obrador, quien a su vez cita a Don Benito Juárez: “Sólo el pueblo puede salvar al pueblo”. No hay más. Es urgente que los mexicanos nos hagamos responsables de nuestro destino. Hay que salvar a este país luchando “como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda”.
Porque si no logramos salvar a este país, alguien muy pronto podrá afirmar: “Pobre México; ten lejos de Dios y tan lleno de mexicanos”
Víctor Eduardo García
17mar10
Qué Alonso Ulloa se vaya a Shangai como Secretario de Promoción Económica, dice ciudadana
Maravillosas resultan las declaraciones de Alonso Ulloa Vélez con respecto al costo del viaje que Emilio González Márquez, secretarios y diputados planean hacer a Shanghai, China. Qué “no es un gasto oneroso”, dice. Pero claro que no, oneroso sería si él lo pagara o si el dinero saliera del bolsillo de todos y cada uno de los viajantes para quienes el dispendio resulta algo menos que poco: como quitarle un pelo al gato trespeleque en que el pueblo de Jalisco ha sido convertido.
¡No podemos más!…. Nosotros, la gente que sí nos partimos el alma para ganar lo que nos pagan –cada vez menos- estamos cansados de ser testigos reincidentes de tales despilfarros. Somos el niño pobre y hambreado que a través de la ventana de un restaurante pasa saliva viendo como otros comen hasta el hartazgo. Y en este caso, con el agravante de que la cuenta la pagamos nosotros. Es casi el 50 por ciento de nuestros ingresos lo que finalmente pagamos por la vía impositiva. Tales impuestos, teóricamente destinados a volver al pueblo en forma de servicios, seguridad y educación; en la práctica se consumen en su mayor parte en el sostenimiento de ésta, nuestra peculiar demo-burocracia.
Es cierto que como Ulloa dijo: ningún empresario tiene a sus vendedores encerrados en la oficina; los manda a vender. Pero resulta que ellos son administradores, no vendedores y lo que como administradores deberían estar haciendo es trabajar por un Jalisco con menos inseguridad, con vías de comunicación satisfactorias y accesibles y con todas las características que hagan del Estado un nicho atractivo a la inversión bien intencionada. Si las condiciones fueran las idóneas los inversionistas llegarían por sí solos y buscar inversión no se convertiría en el pretexto de burócratas “nómadas” para asistir a festivalitos con todos los gastos pagados. Si finalmente la misión a cumplir en ésta su “conquista de oriente” se reducirá, como es costumbre, a hacer declaraciones públicas eufemistas acerca de lo bien que está México y sobre todo Jalisco y a, por debajo de la mesa, ofrecer a empresarios extranjeros circunstancias de inversión escandalosamente privilegiadas donde la mano de obra jalisciense es subvaluada y entregada en charola de plata bajo las más indecentes condiciones; bien podrían hacerlo como vendedor de telemarqueting, desde su cómoda oficina.
Para el secretario de Promoción Económica, la dichosa Feria de Shanghai es una oportunidad de oro para Jalisco, ya que somos el único estado de nuestro país que tendrá exposición y venta permanente de productos y artesanías. Quisiera ver que paguen el viajecito con lo que ganen vendiendo ollas y tequila o que, como vendedores ambulantes o tianguistas, no coman hasta que no vendan.
Si algo queda claro es que Ulloa es un gran secretario de promoción económica, pero de Shanghai que es donde quedará la derrama económica de nuestros representantes. Ah… algo más: que no nos pida a los jaliscienses “pensar de manera diferente, agresivamente” porque igual y sí los mandamos a Shanghai, pero a Sumatra.
Blanca Bravo
En el pleito de Alfaro-RPL, el que pierde es Tlajomulco; dice ciudadana
Tras el reciente pleito entre el alcalde Enrique Alfaro y Raúl Padilla, con las visibles consecuencias que ha acarreado, no queda más que cuestionar la supuesta inmutabilidad de la relación institucional entre el municipio de Tlajomulco de Zúñiga y la Universidad de Guadalajara proclamada por el rector de la casa de estudios, Marco Antonio Cortés Guardado. Como habitante de Tlajomulco no alcanzo a comprender la lógica del actuar de estos personajes.
Por un lado, Enrique Alfaro declara la soberanía del municipio, se niega a dar al grupo UdeG un 60 por ciento de los puestos y despide a seis servidores de alto nivel. ¿Qué no se supone que tal autonomía es la que normalmente debería imperar en cualquier municipio sin necesidad de ser decretada y que los funcionarios estaban en el puesto que estaban debido a que poseen el perfil idóneo y una vocación de servicio a los ciudadanos más allá de grupos políticos? No sé qué pensar, pero sospecho que si algo tuvo que desatar Alfaro con Padilla es porque algo tenía atado.
En el otro extremo del pleito, el grupo universidad dice que no pasa nada, que todo sigue tan institucional como siempre, pero asegura que el edil no ha hecho una petición formal para un centro universitario en Tlajomulco, mientras que Alfaro exhibe los documentos que comprueban lo contrario. Por lo que cada vez vemos más lejano el sueño de poder estudiar una carrera en el municipio y ahorrarnos de tres a cuatro horas diarias que invertimos tan sólo para llegar a un centro universitario.
Y en el medio de la trifulca, nosotros, los habitantes de Tlajomulco que nomás no vemos claro y ya en marzo seguimos esperando a que el equipo de trabajo de Enrique por fin acabe de conformarse a ver si ya empiezan a trabajar en serio que para eso algunos los votamos, pero todos les pagamos.
Blanca Bravo
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