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Dos libros sobre películas mexicanas
Estuve leyendo los dos libros de posters de películas mexicanas que produjo Agrasánchez, otrora productora de películas mexicanas que mantiene una de las colecciones más extensas de los susodichos posters.
Estos son los libros:
El primer volumen (Cine Mexicano) Muestra posters de la llamada “época de oro” del cine mexicano (de mediados de los 1930’s a mediados de los 1950’s). La selección de posters se hizo principalmente en base a buen diseño, aunque la selección de algunos posters me parece que son más por la popularidad de la película. Caso concreto: el póster de Ahí Está el Detalle, de Cantinflas, que más bien parece póster de propaganda soviética que el póster de una de las mejores películas mexicanas de todos los tiempos.
Además los carteles está categorizados por géneros: comedias, cine de cabareteras (¡Sí! Ya existía el género antes de que existiera el cine de ficheras), charros, drama (cualquier jalada con Fernando Soler ya califica como drama), y otros etcéteras.
Llama la atención que varios posters de comedias de Tin-Tán, Jorge Negrete, y Resortes los ilustró el monero Ernesto “El Chango” García Cabral, quien conserva su estilo de los 30’s y, tenga uno la opinión que tenga del Chango Cabrál como monero, demuestra ser uno de los mejores ilustradores comerciales que ha dado México. El puro póster de “El Mariachi Desconocido” con Tin-Tán, es una joya.
Dominan también los posters diseñados por los Renau Berenger, quienes fueron los que aplicaron un diseño que se parece–y mucho–al arte de la propaganda soviética. Tuvieron buenos posters de películas de cabareteras, pero los de comedias son realmente tétricos. El de Ahí Está el Detalle con Cantinflas y Joaquín Pardavé parece de película de Alfred Hitchcock. Y el de ¡Fíjate que Suave! con Manolín y Schillinski parece de película de terror.
El libro tiene además un ensayo que revela algunas de las razones por las cuales existió la época de oro del cine mexicano. Creo que la principal fue la segunda guerra mundial.
Basicamente antes de la segunda guerra Argentina era el principal productor de cine en español en el mundo. Llega la segunda guerra y Argentina se mantiene neutral, mientras que México se declara del lado de los aliados. El resultado fue que Estados Unidos, para llevarla bien con México, le regala a los productores mexicanos cinta de película virgen, reduciendo los costos de producción.
Desafortunadamente, dice el ensayo, los productores mexicanos se durmieron en sus laureles y para finales de los 50’s el cine mexicano dejó de tener auge tanto por la competencia con el cine de Estados Unidos como por el hecho de que los productores dejaron de producir cine de calidad. Al parecer nunca les importó realmente hacer cine de calidad, sino simplemente hacer dinero.
Más Cine Mexicano
El segundo volumen de la colección Agrasánchez (Más Cine Mexicano) se enfoca en lo que fue el cine mexiano de finales de los 1950’s hasta finales de los 80’s. Es decir, la era de lo que muchos consideran lo peor del cine mexicano.
Películas de ficheras, de luchadores, de Enriques Guzmanes, de Capulina, de la India María, de los hermanos Almada. Hasta la película de Chiquidrácula sale entre la colección de posters.
Sin embargo, muchos de estos posters, al margen de lo mala que pudiera ser la película, son muy buenos. Particularmente los de sexy-comedias, que fueron ilustrados una buena parte por Luis Carreño.
Aparecen también rarezas del cine mexicano setentero como Calzonzin Inspector (que al margen de lo malo que es el guión de la película, tiene muy buen diseño de producción) y vayan ustedes a saber cuantas secuelas a “Bellas de noche”, considerada como la primer película mexicana de ficheras.
También hay idioteces espectaculares como Narcosatánicos que resultó ser una película de albures y encueratrices con un Alfonso Zayas ya entrado en canas. El diseño, eso sí, parece de película porno gringa de los 80’s.
En fin. Si de lo que se trata es de tener una idea más o menos clara de cómo eran los carteles de películas de cine mexicano desde los 30’s hasta los 80’s, estos dos libros son una muy buena referencia. Los dos valen la pena.
Sonora: Magic Market

Desde el año pasado que salió a la venta tuve la tentación de comprar el libro Sonora: Magic Market de Kurt Hollander. Finalmente lo compré y esto es lo que tengo que reportar:
Para los que no lo conocen, se trata de un libro de fotografías y reproducciones de etiquetas de productos que venden el mercado de Sonora en la Ciudad de México para hacer brujerías, limpias, amuletos, y todo ese tipo de cosas.
Que si el jabón de la gallina negra, que si los polvos de chango macho, que si el spray para atraer clientes, que si la veladora para ser mejor estudiante, etc. Supersticiones y charlatanería para unos, únicos remedios ante la desesperación para otros.
No me voy a enfocar en descalificar todas estas supersticiones y menjurjes para limpias y cosas de esas porque no es el punto de esta reseña. Simplemente me limito a repetir lo que dijo alguna vez Miguel León-Portilla sobre la virgen de Guadalupe: no existió, pero lo que sí existe es la fe que le tiene la gente, y eso se tiene que respetar.
En fin. A mi lo que me llama la atención de este libro es la manera en la que Kurt Hollander logró convertir a etiquetas de polvos contra “chismes y malas habladurías”, o a estampitas de Jesús Malverde, en una colección de arte pop que bien vale la pena tener para consulta sobre cultura popular mexicana.
El diseño se hizo muy a la Andy Wharhol, con fondos en colores pastel para resaltar la impresión con pésimo offset a dos colores de las etiquetas. ¿Quién iba a decir que el jabón de 7 machos iba a resultar tan buen matarial para un libro de arte?
El libro se divide en una introducción que describe los menjurjes para brujería y limpias que se encuentran en el mercado de Sonora. Lo sigue una colección de etiquetas y fotos de productos para tener suerte en el amor; para protegerse de la envidia y los chismes; para tener suerte a secas; y para tener suerte en el dinero. Lo sigue una serie de estampitas de diversos santos–incluyendo a la Santa Muerte y a Malverde–y cierra con una serie de oraciones e instrucciones de uso que vienen en estos productos.
(Hay una que es una auténtica cochinada. Lo único que voy a decir es que involucra el echar orines en una botella y dejarlos fermentar varios días. Como dirían los güeyes miando: “¡Chale, ue!”)
En fin. El libro está carito. Cuesta 250 pesos en librerías del DF o 19 euros en europa, o 19.91 dólares en amazon.com.
¿Vale la pena comprarse? Yo digo que sí. Tanto como ejemplo de “art nacó” y diseño chafa, como por curiosidad antropológica–a ratos me hizo recordar a las recentas caseras “médicas” del siglo 19 que Armando Jiménez encontró quien sabe donde (creo que en el Archivo General de la Nación) y que puso en su libro Nueva Picardía Mexicana.
Creo que junto con el sensacional de lucha libre que sacaron hace algunos años con fotografías del Box y Lucha, este es uno de los mejores ejemplos del arte popular mexicano contemporáneo que es realmente el arte pop más quimicamente puro que se produce en México.
Es decir; mientras Andy Wharhol se iba a los supermercados para conseguir sus latas de sopa Campbell’s, Kurt Hollander se fue al mercado de Sonora para conseguirse su spray para la buena suerte con el dinero. En ambos casos se trata de reconocer el arte en el consumo de productos. Si estos son buenos o malos–o una tomada de pelo–es irrelevante. Lo que cuenta es lo gráfico; lo visual. Y que nos guste o no es parte de la vida cotidiana de una cultura. Ni hablar.
OJO: se hicieron tres versiones de este libro: con portada rosa, con portada amarilla y con portada anaranjada. Es lo único que cambia. Lo demás es exactamente igual en las tres versiones.

