El deterioro en la educación de México avanza, sin duda alguna, porque el gobierno federal ha encontrado más útiles o, por lo menos, más fáciles de aplicar las “políticas de limpieza” y no las políticas sociales y educativas.
La baja calidad del aprendizaje es un problema generalizado y como es de esperarse, la desigualdad educativa es directamente proporcional a la desigualdad social, la cual es muy grave.
Frente a esta situación el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, nos recomienda ver telenovelas como “suplemento” educativo, en vez de trabajar en una modificación de fondo en los programas de estudio para hacerlos adecuados en vez de fragmentarlos a niveles de simpleza vergonzante. Tampoco se ha dado una solución de fondo a la preparación de los maestros desde el momento en el que inician sus estudios y hasta que se les otorga una plaza, que por supuesto también tiene la desventaja de tener como remuneración por su trabajo un sueldo miserable en la mayoría de los casos.
Y si bien es cierto que podemos responsabilizar a las autoridades por el rezago educativo, también sería de mucha utilidad cuestionarnos a nosotros mismos, como sociedad qué hemos hecho para exigir que la educación pública en México mejore.
Si trabajamos bajo la premisa de que los derechos no se mendigan, se exigen, entonces, como sociedad también estamos fallando dentro del ciclo del problema educativo del país. También sería importante tomar en cuenta que actualmente, el sector más afectado por este problema es el de los jóvenes y ¿qué hacemos como jóvenes para exigir que el sistema educativo sea mejor y –sobre todo- para todos?
Un ejemplo reciente y, a mi parecer, muy importante en América Latina, lo están dando los jóvenes y profesores chilenos.
Decenas de miles de estudiantes y docentes volvieron a protagonizar una contundente protesta frente al Palacio La Moneda, sede del gobierno chileno, reclamando una reforma a la educación pública. Los números marcan alrededor de 100.000 estudiantes que desbordaron la Alameda de Santiago a pesar del frío y las condiciones adversas.
Pero no solamente fue esta masiva manifestación la que dio voz al descontento de los jóvenes, sino diversas manifestaciones simultáneas en distintos lugares de Chile, la principal de ellas en Valparaíso.
Esta marcha, que para muchos ha sido la mayor desde la restauración democrática en Chile estaba conformada por muchísimos menores de 15 años, quienes con batucadas, carros alegóricos y con toda su voluntad exigían y siguen exigiendo mejores condiciones educativas bajo las consignas “Un pueblo educado jamás será engañado”, “Queremos educación pública gratuita y de calidad” y “Yo quiero estudiar, pero soy pobre”.
La realidad en México, es que muchas veces responsabilizamos al gobierno por no aplicar las políticas, el presupuesto, el esfuerzo y el deseo de hacer que las cosas cambien en el país, pero una parte muy importante la tenemos que hacer nosotros como ciudadanos, y también los jóvenes, de todas las edades, alzándola voz, sin miedo, exigiendo sus derechos.
La protesta en México se ha desvirtuado al punto de hacer creer que es una forma de engañar a los muchachos, que hace que pierdan el tiempo, que fantaseen con cosas que no pueden suceder pero ¿si no es alzando la voz, cómo hacemos que el gobierno escuche las necesidades de la gente?
La juventud mexicana todavía tiene la lucha importante y vital de derribar a los regímenes opresores que entregan los bienes de la nación a otros, a los que manejan intereses extraños al pueblo, a los que reprimen. La única forma mediante la cual se puede dar un futuro a la juventud, es mediante la educación, pero también es responsabilidad de todos como jóvenes luchar y exigir que se nos imparta educación gratuita, de calidad, a todos los niveles y para todos.
La juventud mexicana está siendo aislada por el gobierno, no solo por falta de educación, sino de empleo, de seguridad social, de estabilidad económica. Un país en el cual la juventud está aislada y sin futuro, está condenado al fracaso.
Es hora de dejar la apatía y salir a las calles, si la juventud mexicana no despierta y se da cuenta de que nadie más luchará por ella, en un México donde ahora la mayoría de los mexicanos somos jóvenes, el presente seguirá siendo terrible para los jóvenes, y el futuro, definitivamente incierto y obscuro para todo el país.
PUBLICIDAD