columnas

La incógnita del encierro y la maestra

Alicia González

@Taciturnafeliz
jue 2 feb 2012

En los diversos medios de comunicación, se ha dado seguimiento al caso de la maestra Zulema Garza, quien está envuelta en una encrucijada tras la permanencia involuntaria de uno de sus pupilos horas después de la salida en el salón de clases, en la ciudad de Monterrey.

Los testimonios de la docente Garza, dan pie a tratar de minimizar la situación de manera desequilibrada y poner los ojos sobre la irresponsabilidad de la madre, al declarar que el pequeño Gerson Eduardo no contaba con acta de nacimiento ni mucho menos curp al momento de ingresar a la escuela primaria. También comentó el encuentro que tuvo con la madre del menor, cuando ella le expresaba la afición de su hijo por la leche y su aversión a la comida, en especial el desayuno, como algunos niños de su edad.

Pero hay elementos que no concuerdan. Esta investigación apenas se encuentra en la etapa de averiguación previa por parte de las autoridades, pero las pistas nos llevan a otros paisajes no muy alentadores. Por ejemplo, la declaración del compañero del menor, quien aseguró que estaba en la escuela porque la maestra lo había castigado por no cumplir con sus deberes, pero también la afirmación de la profesora de que habían puesto en fila a los menores para salir y no se había percatado de la ausencia o ni siquiera la presencia del pequeño, ni al pasar por el salón de clases, dejando en el “olvido” su abrigo con el que Gerson se cubrió debajo del escritorio.

Sin duda hay incongruencias y también justificaciones de parte de las autoridades educativas de la zona regiomontana, un posible olvido, un juego del niño muy astuto que ni el conserje ni su propia educadora repararon en la desaparición del menor. Pero eso sí, toda la atención psicológica para que se le de seguimiento al asunto y no se ponga en duda el prestigio de la escuela.

Independientemente de si hubo castigo o no, Zulema no reconoce el descuido ni a que grado pudo haber llegado de no haberse enterado la policía ministerial de su estancia en la escuela, parece que aún no repara en la gravedad del asunto y solo trata de justificar y desviar el problema hacia su madre por la probable situación de inestabilidad que podría rodear al menor.

Otra inconsistencia, el hermano del “encerrado” o “castigado” no fue a buscarlo tras terminar la jornada escolar, sino que llegó a la casa, ni siquiera fue a buscarlo a los salones para regresarse juntos, ahí parece haber una falla en la formación del otro menor.

Ojalá que la impunidad no sea el final de este caso y se llegue a la reconstrucción real de los hechos. Si el menor fue reprendido, o si realmente la maestra olvidó verificar si su alumno había abandonado las aulas. Que este acontecimiento sirva a las autoridades educativas al frente de cientos de pequeños pupilos para analizar sus políticas de seguridad y tener la certeza de los paraderos de sus estudiantes, verificando a niño por niño para evitar este tipo de incidentes.

Si realmente Gerson Eduardo fue castigado y la docente solo manipula la averiguación, que sea esta experiencia como un llamado a los superintendentes y sindicatos para fomentar las inspecciones en todos los niveles y revisar lo que sucede en los salones de clases.

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