columnas

AMLO, Peña Nieto y los monopolios

José Luis Camacho Acevedo

@jlca007
vie 3 feb 2012

Una ganancia inesperada que produjo el agarrón entre José Ángel Gurría y Carlos Slim a propósito del informe presentado por la OCDE sobre las condiciones de las telecomunicaciones en México, fue el hecho de que los precandidatos presidenciales del PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, postulado por la izquierdista alianza del PRD-PT-MC se vieron obligados a pronunciarse sobre este tema y la necesidad de que en el país exista una competencia real en el mercado de la telefonía móvil, fija e internet.

El mencionado agarrón entre Gurría y Slim se produjo cuando el tamaulipeco que preside la OCDE, aplastó a un soberbio dueño del monopolio TELMEX-TELCEL, negocio que lo ha convertido en el hombre más rico del mundo a costa de los que somos, sin salida, usuarios de sus servicios.

La OCDE dictaminó en su estudio que TELMEX-TELCEL, por sus altos costos, ocasionaron que en solo dos años, la economía nacional sufriera un daño patrimonial de 24 mil 800 millones de dólares, cifra espantosa que equivale al 25% del PIB mexicano.

Slim convocó a conferencia de prensa en la que visiblemente alterado, espetó una serie de injurias contra el respetado financiero Gurría, que es reconocido como tal a nivel mundial, y de paso a la OCDE diciendo, para empezar, que el estudio era “una jalada de pelos”. Ofendió a Gurría diciéndole “pontífice que habla y se va” y reclamándole tardíamente que no hizo como funcionario lo que hoy recomienda.

Gurría replicó al día siguiente.

Aclaró que el gobierno mexicano, como miembro de la OCDE, fue quien encargó y pagó el estudio sobre el estado que guardan las telecomunicaciones en el país.

El estudio lo avalaron especialistas de Francia y el Reino Unido. Y dijo que lo previsible es que el fenómeno del monopolio en telecomunicaciones en México mantendrá la tendencia de encarecimiento permanente del servicio.

Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador se pronunciaron, obligados por el impacto del acontecimiento, en favor de la competencia para evitar el encarecimiento de servicios y la mejoría de su calidad.

Ambos se comprometieron a impulsar una sana competencia si llegan a ganar los comicios de julio próximo.

Los mexicanos sabemos que el duopolio Televisa-TV Azteca no es lo más rcomendable en materia de calidad televisiva en México. Pero esas empresas guarda todavía formas que pueden considerarse cercanas a un principio remoto de nacionalismo.

Un canal de TV abierta en manos de Slim sí sería un peligro para México.

Es terroríficamente previsible la manera en que el magnate de origen libanés manejaría su condición de “nuevo poder fáctico”.

Teléfonos de México lo adquirió mediante la primera “mega-privatización de perfiles patrimonialistas” operada en el gobierno de Carlos Salinas.

Y Slim convirtió esa transacción en un modelo de empresa sin competencia que le permitió un enriquecimiento sin límites. Y se puede suponer fundadamente que así, sin límites, sería su ambición de plegar al gobierno que fuere a sus conveniencias económicas.

Que como se ha visto, no son de corto alcance.

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