columnas

La Secretaría de la Honestidad

Carlos Ruiz Viquez

@Carlos_RVC
jue 1 mar 2012

Terminal número 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, llegaba de un vuelo internacional procedente de Londres, Inglaterra y habiendo hecho una breve escala de 3 días en la ciudad de Nueva York, después de haber vivido poco más de un año en el conocido como viejo continente, donde viajé, trabajé y estudié, y acompañado de decenas de paisanos regresando a su país como en toda época navideña, me encontraba muy feliz de volver a pisar tierras aztecas, tenía muchas ganas de hablar español debido al cansancio mental que te provoca no comunicarte en tu idioma nativo, de probar alimentos con verdadero sabor, de ver a mi familia pues, pero cuál fue mi asombro al llegar al módulo aduanal donde revisan tu pasaporte para darte entrada a tu país, pues me tardaron varios minutos, mientras veía que los extranjeros entraban como en su casa, así la fila para no mexicanos avanzaba con mucha fluidez, mientras que la de mexicanos debimos esperar por varios minutos, este hecho me hizo recordar mis tantos viajes de fin de semana entre países de la comunidad europea, donde la situación era exactamente todo lo contrario, los pertenecientes a la “comunidad” se pasaban incluso mostrando solo su “carnet de identidad” que no es más que un cartón con plástico, mientras que los extranjeros debíamos pasar todas las pruebas de confiabilidad y control.

Hace un par de semanas recordé este hecho, cuando quise ir a renovar mi pasaporte ya vencido el cual no supe dónde dejé y al presentarme en la delegación de pasaportes ubicada en un centro comercial al sur de la ciudad de México, en el cual debo reconocer las autoridades han hecho muchas mejoras, como hacer una cita para no estar abarrotado, que el lugar está limpio y ordenado, que los funcionarios tienen cierto grado de escolaridad y son atentos (o lo intentan), sin embargo al mencionar que había extraviado mi anterior y vencido pasaporte fue como si fuera uno de los delincuentes más buscados del país, a pesar de llevar un acta por extravío de documentos, levantada en un Ministerio Público Virtual (lo cual debo reconocerle como un gran acierto a la PGJ del DF), me obligaron a regresar al MP para que le pusieran un sello que indica que es copia fiel del original –los del MP me dijeron que la SRE no sabe lo que pide porque el MP tiene fe pública lo que se acredita con su sola firma y hace innecesario dicho sello-, después me hicieron llenar una forma adicional con exactamente los mismos datos ya asentados en la acta levantada ante el MP (¿?), me volvieron a solicitar acta de nacimiento original y me tardaron 5 días hábiles para entregarme el nuevo pasaporte, cuando lo fui a recoger vi todo mi expediente, desde el primer pasaporte que solicité hasta el actual, vaya fue más difícil que volverme a registrar como mexicano.

La semana pasada, después de ver algunas notas periodísticas sobre qué ministros de cortes de justicia locales se ostentaban con grados de estudios que no estaban registrados ante la SEP me dio curiosidad por saber si mi grado de maestría del Tec de Monterrey, el cual obtuve ya hace varios años, aparecía registrado en el sitio web de la Dirección General de Profesiones de la SEP, el resultado fue negativo, lo cual me alarmó y pensé que también a mí podían decirme que era un mentiroso, así que decidí después de mucho tiempo que debía “registrarlo” algunos llaman me parece incorrectamente “legalizarlo” ante la SEP, cuando acudí a esta área de la SEP, también debo decirlo con previa cita y con mucho orden, no como hace algunos años que nadie podía hacer ningún trámite si no era a través de los llamados “coyotes” ya que estaban todos coludidos para beneficiarse con el sobreprecio que éstos implican, pues nuevamente mi sorpresa, ya que me dijeron que mis documentos debían llevar una “calcomanía-holograma” infalsificable (al menos así lo creen estos funcionarios de la SEP), solo para constatar la autenticidad de los mismos, cabe señalar que este trámite solo lo puede hacer la escuela que emite los documentos y que en el caso del Tec de Monterrey cobra alrededor de $2,700 pesos por cada documento que se requiera, dicen ellos, “legalizar” ante la SEP, vale la pena mencionar que este mismo documento me fue aceptado en una escuela en Londres, Inglaterra donde realicé estudios, sin necesidad de la estampita infalsificable.

Bueno pero seguramente usted se preguntará a qué vienen éstos ejemplos, sin embargo, todas estas anécdotas me hicieron pensar y analizar el por qué era así, y la respuesta desde mi punto de vista, es simple, la gran DESHONESTIDAD que caracteriza a nosotros los mexicanos, al entrar al país revisan varias veces la autenticidad de los pasaportes, pues saben de la gran facilidad con que se pueden falsificar y hacer ingresar al país extranjeros que potencialmente puedan convertirse en una amenaza para, ¿adivinen?, ¡sí! nuestro vecino del norte, lo mismo cuando vas a sacar un nuevo pasaporte o renovarlo, deben cerciorarse de mil formas del destino que tendrá, pues efectivamente por unos pesos, alguien podría “rentar” su identidad (y si no te la roban de cualquier manera) con fines inciertos pero seguramente ilícitos.

Lo mismo pasa con el registro de los títulos y grados, según me dijeron unos “funcionarios” de la SEP al día se presentan decenas de casos de documentación apócrifa con la cual personas quieren obtener títulos universitarios que no existen, recordemos el caso famoso del ex secretario de educación pública en el sexenio de Ernesto Zedillo, Fausto Alzati, ahora apodado “Falzati” por ostentarse y firmar documentación oficial con el grado de doctor en economía y que lo desmintiera la propia Universidad de Harvard ya que no existía registro alguno de que ahí hubiera obtenido dicho grado al menos hasta esa fecha.

También el otro día en una famosa tienda departamental me platicaron de un caso de una persona que compró 10 pantalones de mezclilla y al siguiente día se presentó a devolverlos porque, según él, no le habían gustado, por su supuesta prisa, la empleada no se percató que al menos dos de los pantalones eran “fake” es decir, pantalones de muy baja calidad pero que los re-etiquetan con marcas reconocidas para hacerlos pasar por originales, por eso ahora, cada que quieres hacer una devolución en una tienda departamental te revisan cientos de veces la mercancía para validar su autenticidad, hecho que no sucede en ningún otro país desarrollado.

Otro claro ejemplo, son los billetes, no sé si se han dado cuenta, pero los billetes mexicanos son los que más elementos de seguridad tienen ¡en comparación con cualquier otro billete del mundo!, y bueno así, me puedo seguir comentando infinidad de ejemplos, de cómo los mexicanos, con una supuesta y orgullosa “creatividad” o “ingenio” nos la arreglamos para idear toda clase de trampas y trucos para “chingarnos” a los demás, y lo peor es que hay otros que te cuentan sus anécdotas anteponiendo el adjetivo de “chingón” porque lograron “chingarse” a alguien a través de éstas acciones totalmente faltas de la más mínima ética y honestidad, claro no digo que esto sea exclusivo de nuestro país, pero casi seguro que si se midiera internacionalmente, saldríamos en la no honrosa lista de los top 5.

Pero analicemos más profundamente la situación, a qué se deben estas conductas que nos cuestan mucho dinero (al tener que implementar medidas de seguridad extraordinarias), que nos restan credibilidad en el resto del mundo, que reducen la competitividad como país, que nos hace el no poder confiar ni en el vecino, si nuestros gobernantes y sus respectivos partidos son los primeros en poner el ejemplo de éstas conductas faltantes de toda moral y ética, lo cual permea en toda la población, no es difícil escuchar a las personas desear tener un puesto de elección popular, o ser líderes sindicales o funcionarios públicos, sólo por lo atractivo que resultan sus sueldos pero sobre todo sus prerrogativas para poder “chingar” al erario, por lo que no dudo que la mayoría de los personajes inmersos en la política, su principal motivación es la de generar riqueza y poder, pero para sí mismos, y el pleito que tienen entre un grupo y otro es el de poder servirse lo que los otros acaparan, y la gran mayoría de sus seguidores, lo que buscan son que ganen espacios para poder ir posicionándose y lograr su final objetivo, estar donde puedan servirse.

Sinceramente yo no creo que una “Secretaría de la Honestidad” funcionaría, yo más bien veo un panorama muy poco alentador para encontrar una solución, ya que es algo muy arraigado culturalmente en los mexicanos, que efectivamente sólo con mucha educación podría resolverse, pero sobre todo con el fomento de los valores y de lo que realmente es importante en la vida, y con muchos años de esfuerzo, después de lograr “exterminar” con esta generación de mexicanos pocos honestos, quienes con que valor moral pueden exigir a sus gobiernos o autoridades que también lo sean, así que pienso que antes de criticar o calumniar, debemos ser congruentes y preguntarnos si nuestras acciones se conducen con apego a la verdad, honestidad y ética que tanto demandamos.

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