columnas

2 de julio de 2012

Carlos Ruiz Viquez

@Carlos_RVC
vie 2 mar 2012

Con mucha certeza la mañana del 2 de julio de 2012 todos los medios nacionales e internacionales estarán anunciando al que será el nuevo presidente de México, seguramente los nuevos sistemas de conteo rápido y encuestas de salida realizarán adecuadamente su función y se estará en condiciones de hacer el anuncio con bastante confiabilidad, pero ¿cuál será el resultado? Todo parece indicar que la elección será muy reñida y competida y que probablemente se parecerá mucho a la más reciente elección para gobernador en Michoacán, tal vez no por el ganador pero si por lo apretado del resultado, pero ¿qué significa esto en realidad? Que más del 65% de los electores NO habrán votado por el triunfador, que más del 65% de los electores no aceptarán con facilidad los resultados, que más del 65% de los electores estarán decepcionados con el virtual nuevo presidente, que en el siguiente sexenio, seguramente, no habrá las condiciones para gobernar con margen de maniobra, es decir se tendrá un congreso muy dividido, las reformas necesarias para aumentar la productividad, competencia y empleo que el país requiere se quedarán “atoradas”, que habrá una población muy dividida, enojos, rencores, descalificaciones, etc., acciones de gobierno que aunque parecieran adecuadas la mayoría no las apoyará o calumniará, en fin, creo un panorama muy similar al que acabamos de vivir en el reciente sexenio, algo que por supuesto no le conviene a nadie, o al menos a nadie que de verdad quiera a México, y es que aún todavía me resulta difícil de entender como hay mexicanos que se alegran si al gobierno le va mal o comete errores, lo usan como un pretexto más para descalificar e intentar demostrar que su propuestas son mejores, y aún dando el beneficio de la duda, desde mi punto de vista, nada justifica desear el mal para el país.

Tal vez un resultado tan dividido y desfavorable se hubiera podido evitar si el congreso hubiera votado por una reforma política con la cual se hiciera lo que se hace en otros países democráticamente más desarrollados, es decir obligar a una segunda vuelta con los dos primeros lugares hasta lograr obtener un ganador con una votación del 50+1, pero como el hubiera no existe, me parece que la estrategia de algunos es bastante clara y es intentar inducir al famoso voto útil, es decir, demostrar mediante tendencias ciudadanas que uno de los candidatos no tiene posibilidades de ganar, y con ello “invitar” sobre todo a los indecisos a votar por aquél candidato que tenga más probabilidades de competir.

Lo que es interesante analizar es si la estrategia está del todo mal, es decir, habrá un desgaste emocional, físico, mental, económico, etc., y el resultado será devastador como ya lo mencioné, tal vez nos espera un sexenio igual al que termina, y todo ¿para qué…?

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