Quito, 14 mar (EFE).- El director del Instituto Geofísico de Ecuador, Hugo Yepes, indicó a Efe que el "déficit socioeconómico" del país hace que las personas de escasos recursos construyan sus propias casas sin "ningún tipo de condiciones sismorresistentes".
"El 50 % de las viviendas han sido construidas de manera informal con conocimientos propios de la zona o de la región y son de adobe, cemento o concreto armado", manifestó el científico.
Por otro lado, Yepes señaló que el país no "ha obligado la aplicación en forma estricta del código ecuatoriano de la construcción" y se ha confiado en "la buena voluntad de los constructores y de los diseñadores en aplicarlo o no".
En ese sentido añadió que los municipios han dejado de supervisar "las buenas prácticas" de las constructoras.
El experto explicó que en Quito, la capital del país y la ciudad más bien preparada frente a un posible desastre sísmico, el 60 % de las edificaciones o son antiguas o no han pasado la inspección de ningún ingeniero que asegure que los planos son adecuados.
Para Yepes, estos elementos hacen que la vulnerabilidad de Ecuador "sea muy alta" frente a una posible catástrofe sísmica, pero enfatizó en que no son las únicas adversidades, ya que las construcciones nacionales tampoco están preparadas para la amenaza.
Por ejemplo, resaltó que las grandes infraestructuras petroleras construidas en Esmeraldas (provincia en el Pacífico norte), como la refinería, los tanques de reserva o una parte del oleoducto están edificadas en una zona de "subducción", es decir, en el borde entre dos placas terrestres.
"Lo que nos está enseñando Japón además del tsunami y del terremoto es que infraestructuras muy sensibles como plantas nucleares cerca de zonas de subducción también provocan daños, que hemos de tener en cuenta", resaltó.
Otro de los problemas es que no hay un plan de reordenamiento en las costas, por lo que se edifican casas a primera línea del mar que, paradójicamente, son las más caras por sus vistas privilegiadas, pero las más vulnerables si hubiera un tsunami, manifestó Yepes.
Aún así, el científico reconoció que no hay ningún país que esté preparado frente a un terremoto de 9 grados en la escala de Richter ni para un tsunami con una ola de más de diez metros como los que azotaron a Japón.
Según un estudio realizado en 1994 por las Naciones Unidas y en el que se comparaban 20 ciudades con posibles amenazas sísmicas, Quito se situaba como la cuarta urbe más vulnerable.
Yepes remarcó que para hacer frente con el mayor éxito posible a un terremoto, el Estado debería disminuir las condiciones de vulnerabilidad que existen en el país "invirtiendo más dinero para que las construcciones sean seguras", además de que exista un plan de ordenamiento territorial para que no se edifique en zonas de riesgo.
Pero, además, apuntó que el Gobierno debería de contar con "condiciones mínimas" de reacción frente a los desastres naturales y, por ejemplo, en caso de terremoto tendría que poder aprovisionar alimentos, medicamentos y agua a los damnificados, pero también recursos financieros para que los ciudadanos reciban créditos para que la reconstrucción sea lo más rápido posible.





