Quizá por primera vez, mucha gente incluso de la misma izquierda, yo incluído, hubiéramos apoyado una iniciativa para desaparecer ó transformar por completo a “Luz y Fuerza del Centro” (LyFC), así la iniciativa viniera directamente del (des)gobierno Federal. Sé que muchos amigos, sobre todos mis amigos de la izquierda del país, no van a estar de acuerdo conmigo, pero permítanme explicarme.
Tal como lo mencioné, quizá la iniciativa de desmantelar a LyFC sería la primera en la cual al menos este tecleador hubiera estado de acuerdo. Las razones sobran: En primer lugar, el pésimo servicio que esta compañía ha dado al menos desde que tengo uso de memoria; en segundo lugar, el trato déspota y majadero de los trabajadores de LyFC hacia sus clientes, producto de la falta de un sistema de control de calidad; y en tercer lugar, el enorme costo que representaba esta compañía para el erario: Mantener a LyFC costaba el doble de lo que generaba, sin contar que amén de que el erario absorbe esa pérdida, aún había que mantener el costo del subsidio a la energía eléctrica. ¡Un muy mal negocio, pues!
En la parte de los “considerandos” del decreto por el cual se ordena la extinción de LyFC, un párrafo dice de forma textual: “Que los costos de Luz y Fuerza del Centro casi duplican a sus ingresos por ventas; de 2003 a 2008 registró ingresos por ventas de 235,738 millones de pesos, mientras que sus costos fueron de $433,290 millones de pesos (incluyendo energía comprada a la Comisión Federal de Electricidad)”. Un auténtico desastre.
No por nada, LyFC es considerada “única en el mundo en perder dinero”, ya que su rango de atención es de 5 millones de clientes a lo largo de 5 entidades federativas las cuales se cubren de forma parcial. Incluso, y de acuerdo a datos de sus propios estados financieros, LyFC tiene años trabajando en números rojos, ya que los mismos reportan una deuda 24 veces mayor al valor del capital que le destina la Federación. Y sobre la calidad del servicio, pues bueno: seguramente usted también ha oído verdaderas historias de terror sobre el servicio y los tratos de los trabajadores de Luz y Fuerza: desde el mal trato, los cobros indebidos, el tremendo viacrusis en que se convertía acudir a hacer una reclamación por cobros indebidos, o anteponer una queja ya que regularmente, a las personas que medían el consumo de luz “les daba flojera” checar el medidor y por lo tanto “estimaban” el servicio. Con la tecnología que existe hoy en día: ¿Qué tan rentable era tener a gente visitando las casas para “tomar lectura” del consumo de energía? ¿Cuánto se podría ahorrar tan sólo implementando un buen sistema de medición, el cual seguramente saldría más económico que tener a cientos de trabajadores haciendo este trabajo? Si tan sólo los trabajadores de LyFC hubieran brindado un mejor servicio y hubieran tratado mejor a sus clientes, hoy tendrían a todo un pueblo apoyándolos.
Pero no fue así, y mucha culpa de lo ocurrido la tiene el propio Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), quien como cualquier buen sindicato que se precie de serlo (y al igual que el sindicato de PEMEX y el sindicato de maestros de la Gordillo), muy poco se preocupan por la empresa, mucho menos por los trabajadores y solamente se dedican a tratar de sacar rajas políticas. Desgraciadamente, el movimiento sindical en México es inexistente, y se ha transformado en una mafia. Tal vez, en lugar de perder energías en defender al SME, habría que trabajar en crear una auténtica lucha sindical, una que cuide realmente los intereses de los trabajadores, pero que entienda que los intereses de una empresa también lo son de los trabajadores, y de esta forma meter en cintura a muchísimas empresas que abusan de sus trabajadores, y de paso, hacerle sombra a la secretaría del trabajo. ¿Se imaginan un México sin Romero Deschamps, sin Elba Ester Gordillo y sin la CTM? Sería una maravilla.
Resumiendo: A pesar de lo anterior, este tecleador cuestiona las formas en las cuales se actuó contra LyFC, al desalojarlos de la forma en la que se hizo. Pero cuestiono más aún la falta de estrategia de Felipe Calderón, cuando teniendo tantas armas para desmantelar a la paraestatal, recurre al porrismo. Tan sólo dando cifras puras y duras, Calderón hubiera tenido el apoyo del pueblo para extinguir a LyFC. Pero una vez más, este (des)gobierno y su gabinete de caricatura mostraron que no sólo no tienen capacidad frente a las adversidades, sino que aún cuando tienen todo a su favor, terminan “regándola”. Pero como dice una sarcástica descomposición de un dicho popular: ¿Para qué nos hacemos la vida fácil cuando nos la podemos hacer bien difícil?
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Manuel Bernardo Ibarra
Anónimo on Lun, 10/12/2009 - 22:42