Será obligatorio analizar un hecho trágico (la caída el 4/11/2008 de un jet provocó la muerte de 14 personas) ¿sólo con la óptica del complot o un accidente sin causas? El complot y el accidente sin causa son gemelos. Cada tragedia convoca a interpretar. La muerte único personaje arbitrario de la vida, no se anuncia, se presenta cuando quiere y donde quiere, se gobierna por una ley: su capricho. La pareja del amo-esclavo suele olvidar que sólo la muerte es la que tiene el poder para hacer efectivo su capricho: llega y nos lleva, en cualquier lugar, en cualquier momento. El amo ejerce su voluntad sin límites y el esclavo le confirma ese poder; no hay amo sin esclavo; no hay esclavo sin amo. Ambos miembros de la pareja se “con vencen” de ese poder, y quizás por eso no calculan que el poder absoluto pertenece a la muerte. Si el amo le diera lugar afectaría su posición de amo, queda sometido a un poder ajeno; el esclavo si aceptará el poder de la muerte quedaría desligado del amo, haría la experiencia de que el amo es no todo poder .El discurso de “Como dicen en mi pueblo ‘Haiga sido como haiga sido, gane` “, condensa esa pareja, una frase del pueblo, ella reconoce el poder del capricho, y un amo, se asienta y se sienta en una silla presidencial amparado en esa ley que se dice en su pueblo. El término “pueblo” indica un saber, queda claro que no siempre y no todos los integrantes de ese pueblo acuerdan y practican esa ley.
Jacques Lacan, psicoanalista, en 1964, analizó dos figuras que gobiernan nuestras formas de vivir y nuestras formas de encontrarnos con la muerte: tyche y automaton, términos de la Física de Aristóteles, filósofo de una sociedad de esclavos; origen de la política y de la democracia: un gobierno de los amos-estaban excluidos las mujeres y los esclavos. Son términos absolutamente resistentes de su teoría de la causa de… Se “traducen” por azar y fortuna. La tyche es el encuentro con lo que viene del real: doy vuelta a una calle y encuentro mi amor, encuentro feliz, tragicómico o su combinación; continúo caminando, caigo en un pozo, muero, encuentro trágico. Estos encuentros carecen de planificación, no hay intervención de una mano (Maradona) o de una mano ajena al juego (La guerra…sucia). Tiene un requisito: estar ahí. Uno se prensa los dedos con la puerta por haberlos tenido ahí. Tyche, encuentro, figura del lenguaje, es decir, sólo gobierna las vidas y las muertes de los sujetos del lenguaje. El automaton, es una red de palabras, en “La carta robada” (Edgard A. Poe), una “letra” comprometedora es robada circula y determina los lugares del rey, de una reina, de un ministro, de un comisario de policía y del inspector privado Dupin, personaje de psique semejante a Sherlock Holmes. La letra reparte lugares a los personajes. Dupin analiza la superficie donde ella circula, no promete “una investigación a fondo”, ni “en el fondo”, ni siquiera “hasta sus últimas consecuencias”. El comisario hace esa promesa, luego de haber desbaratado la casa del ladrón-el ministro- sin encontrar la letra, consulta a Dupin, quien la encuentra en la superficie de una pared, allí no se la buscó. El pintor Picasso decía: “Yo no busco, encuentro”; Lacan, psicoanalista, decía:”no encuentro en tanto que busco”, y por eso, a veces, giraba en redondo, se hacía nudos.
Un palacio de naipes, de cartas, es una construcción, convoca la mirada, soporta un palillo, incluso hasta un pañuelo descartable. Si se lo fuerza a sostener un vaso, el palacio se desploma, el cristal se despedaza; tyche, encuentro trágico con el real. ¿Cuál real? El real de lo insostenible, si no se lo leyó eso que ya estaba en la superficie –palacio de naipes-avanzamos hacia un desplome. Esa caída no requiere de un complot, ni de un accidente sin causa, pues la causa de la muerte es propiedad de la muerte, no es de los humanos. La causa de un accidente realiza un hecho de estructura: lo que no es sostenible se cae sin necesidad de mano divina o mano negra. Hubiese bastado con retirar lo insostenible, se perdería algo, y algunas vidas continuarían, sólo que cómo indicó “Hamlet” (Shakespeare) y Octavio Paz, ante las tragedias silenciosas, silenciadas, el poder humano es sordo para hacerles frente, sobre todo por eso no logra escucharlas y leer antes.
