Inició el campeonato mexicano, enredado en la misma

mediocridad de siempre. Donde todo apunta a que el torneo se vivirá bajo la

tónica de los últimos años: cualquiera le gana a cualquiera, y por marcadores

nada predecibles. Esa supuesta paridad, no es producto de un gran equilibrio de

fuerzas, más bien se trata de una irregularidad de escándalo. Para encender las

luces rojas. Porque es un indicio categórico, de que el futbol mexicano se

encuentra en una lenta agonía, vive gracias a que está conectado a un

respirador artificial, pero su estado es vegetativo.

Después del Mundial de Sudáfrica, donde contemplamos

cómo el futbol dominante fue aquel que defendió los estatutos básicos del

juego. Donde se comprobó con absoluta certeza qué es más asequible encontrarse

con el triunfo mediante un estilo donde se respete el buen trato de la pelota.

Con la selección española, que jugó por nota, una sinfonía perfecta en cada

partido. Que estableció un punto de quiebre en el fubol mundial, aplicando una

lección de cómo conquistar la gloria. España enarboló el futbol artístico, le

dio prioridad a la vocación ofensiva, y al final de un mes levantó la corona,

como señal de una victoria para el deporte mismo. Después de paladearse con ese

equipo rutilante, seductor en su forma de jugar, es aberrante regresar a la

realidad de nuestra liga. Donde parece que se juega un deporte diferente, a un

ritmo tardo, pausado, donde da la impresión que el balón es otro al se utiliza

en las ligas europeas, donde los equipos salen con una antipatía para echarse a

correr. Es indigno para el espectador, pagar un boleto de 300 o 500 pesos, para

ver cómo se encierran los dos equipos, como los técnicos, que se sienten Dios

en el poder, cobran caudales de dinero, para ponerse en el banquillo como

contorsionistas de circo, se mueven para todos lados, quieren robar cámara,

pero no hacen nada interesante con sus dirigidos. Aplican a la perfección un

librito que está anquilosado, donde saben que para calificar a la liguilla,

basta con tener un inicio flojo, con rasguñar empates y cinco fechas antes del

final del torneo, apretar la marcha, y colarse a la liguilla. Qué miseria, y

luego nos quejamos de que cada cuatro años la Selección Mexicana se desinfla

como un globo aerostático durante la misma instancia de los Mundiales.

Es evidente que el andar del equipo mexicano es

directamente proporcional a lo que se juega en el torneo domestico. Hoy sumido

en una desazón impresionante. La primera jornada no dejó nada que destacar, más

que la humillación del América, dejándole una amarga sensación a sus

seguidores, que les puedo asegurar, ya se cansaron de seguir a un equipo del

montón. Extrañan las glorias de hace 20 o 30 años, ya no quieren ver cómo

llegan jugadores mercenarios a calentar la banca o a caminar por el campo de

juego. Dudo mucho que este equipo levante el paso. Lapuente, que llegó como el

gran salvador de este equipo, tiene un tigre en su habitación. Sí sale manco,

será ganancia. Porque no se ve ni por dónde las alicaídas Águilas puedan volar,

al menos como palomas.

Una derrota que resultó la desventura para la sociedad

americanista, perdieron por goleada ante un equipo de mediana calidad. Que sí

clasifica a la liguilla se dará por bien servido, como Pachuca. Pero nada es

gratuito, sí América fracasa por enésima vez en la liga casera, será por culpa

de sus mediocres directivos, de Manuel Lapuente, que ya tiene un discurso

desgastado. Tiene dos caminos, o irse a un asilo o actualizarse urgentemente,

dirigir a un equipo de fuerzas básicas y aprender los nuevos conceptos del

futbol.

Empezó la liga mexicana, un nuevo torneo, que a manera

de ser sinceros no ilusiona en nada, no genera expectativas, más que

fatalistas. Pero hoy se reunirán los cuatreros del futbol, para acordar las

triquiñuelas a seguir, durante el ciclo mundialista de cara Brasil 2014, donde

nombrarán por consenso al Chepo de la Torre como entrenador de la Selección, y

cómo buenos Judas se lavarán las manos con gasolina, para tratar de limpiar la

mierda que defecaron durante 4 años.