Pero ni por casualidad se asoma en ningún contendiente de fracción o partido político alguno, el enseñarnos la logística de ¿Qué es la participación ciudadana? ¿Qué puede significar nuestro voto en la vida democrática de México? y mucho menos, nos ayudan a comprender el valor implícito en cada acción del votante, misma que en casi todos los países del mundo –exceptuando a México-, representa un verdadero cariz que descalifica o ratifica a los candidatos a puestos de elección popular.
Votar en México es un acto tan mísero, tan reducido de importancia que se prefiere buscar candidatos con nombres conocidos (artistas, deportistas, políticos corruptos empedernidos, etcétera), que a individuos que tal vez pudieran ser capaces en la ejecución de la administración pública, pero que no ascienden a los escaños por ser “simples mortales desconocidos. Hay cirqueros que cambian de partido, de postura, de ofico y hasta de religión, porque su única finalidad en la vida es ganar, quedárse y llevarse a su casa una curul y nada más.
Es una pena que en México –educados por el PRI nuestro de cada día- lo volvamos todo puro institucionalismo, incluso, las expresiones ciudadanas de oposición franca.
Ejemplo clarísimo es el “voto blanco” que no es otra cosa más que “invitar al votante a cruzar con una equis todos sus sufragios, a manera de desaprobación a cualquier tipo de postura e institución política propuesta.
En países como los europeos, los latinoamericanos, e incluso, en los pueblos mexicanos donde aún se aplican los usos y costumbres, se permite que una elección federal o local se suspenda en caso de que los votantes no sobrepasen el 40% del padrón electoral. En los Estados Unidos simplemente, no se realizan votaciones más que proporcionales y se califican por distrito.
En México el que a algunos ciudadanos se les haya ocurrido el invitar a los votantes a cruzar la boleta es lastimosamente, una buena idea, pero “como todo lo que se institucionaliza, se vuelve no un acto individual del ciudadano, sino una idea comprada por “tal o cual grupo ideológico”.
Y si yo era de quienes pensaba cruzar mi boleta desde hace tres meses, ahora si cruzo seré del gremio “voto blanco? ¿Blanco del PAN o blanco del Nueva Alianza?
Tal vez, en vez de decir como sociedad “estoy harto de todos y/o cualquier político en funciones, los analistas lean: ¡Ya somos una nueva fuerza política, nace el partido blanco! Seguro que estos del voto blanco serán a la vez quienes marcharon en contra de la inseguridad pública, pero que de expresar su legítima preocupación por la violencia, ahora son nombrados, renombrados y encasillados como “ciudadanos Light ante la corrupción”.
Pudiera ser que yo desde hace años he concluido que el cruzar la boleta es el único regalo para premiar las ineptitudes de todos los institutos políticos, pero o… desgracia: Desde el nacimiento del movimiento “voto blanco”, anular un voto no es castigar, sino “tomar una postura política determinada en blanco; ahora resulta que, votar cruzando es lo mismo que votar por amarillos, rojos, azules o naranjas! ¡Pues naranjas! ¡si cruzo mis boletas y las dejo en blanco, yo al menos, me deslindo de ser parte del “voto blanco”, porque yo seré mejor del voto al mal gobierno!
PARA OREJA Y OPINA EN: laventanaciega@yahoo.com.mx

El cambio ke se kiere.
CCCP1917 on Lun, 06/15/2009 - 18:14