Muchos han sido los desacuerdos entre los defensores del Partido de la Revolución Democrática contra los partidarios del Partido del Trabajo, e incluso, entre quienes han votado por Convergencia y el propio PRI. Pero de todas las posturas, ha habido una que ha irritado de sobremanera a los defensores de cada partido político:: el crecimiento del voto anulado de forma voluntaria.
Hasta donde las encuestas de salida reflejaban a las 23:00 horas del domingo 5 de junio, hablaríamos de un ocho por ciento de sufragios anulados, que no de abstencionismo, pues este alcanzó el 60 por ciento del padrón electoral vigente.
¿Es antidemocrático sufragar anulando el voto? Hay para quien este ocho por ciento de votantes que anularon su voto de forma voluntaria -cifras que, siguen en posición electoral al número de votantes que sufragaron en favor del Partido Verde Ecologista-, es poco, o lo peor: es un suceso irrelevante a la hora de tomar acciones ciudadanas. Pero habría que reflexionar respecto a lo que manifestó el ciudadano, quien conscientemente cruzó su boleta completa para verter una expresión reprobatoria a cualquier candidato o partido político registrado ante el IFE.
Muchos presuponen que “el voto blanco” ha sido una provocación mediática preconcebida para minar a los partidos políticos más pequeños, así como al propio Andrés Manuel López Obrador.
Concedamos el beneficio de la duda a quienes mantienen este criterio que devalúa la anulación de un voto como forma de expresión reprobatoria a la credibilidad del sistema nacional de partidos políticos, y digamos que, la anulación del voto como forma de rechazar al ciudadano registrado en la boletas de elección, si fuese una conducta de peleles ciudadanos que “siguen en automático las instrucciones de los poderes mediáticos, Televisa, La Jornada o los portales de la Internet”...
Sólo quedaría cuestionarse, sí el voto anulado de forma voluntaria alcanza este ocho por ciento del ejercicio electoral de los votantes nacionales, luego entonces, por más “influenciados o idiotizados que nos digan que están por los medios de comunicación los individuos, luego, habría que recapacitar que anularon SU voto (es decir que, no se lo concedieron a nadie por estar hartos de elegir a candidatos ajenos al propio ciudadano), con lo que, podríamos concluir que, al menos del esperado setenta por ciento de abstencionismo nacional, se logró que un ocho por ciento de los “apáticos votantes, que se especula fueron inducidos por el súper poder mediático” tuvieron a bien, desperezarse para ir a la casilla y no regalar su ausencia, sino recalcar su inconformidad ciudadana por la falta de acciones democráticas, como son: el refrendo de cargo al funcionario, la rendición de cuentas de las acciones del legislador, la revocación de mandato o lo más importante: la urgente respetabilidad para quienes no ajustan en ninguno de los menús electorales.
¿Por qué, si estos votantes no están de acuerdo con ningún candidato registrado, tendrían que votar por uno de ellos “a fuerzas” para ser “considerados” ciudadanos que “favorecen la democracia”
Le dejo abierta la opinión, yo pienso que un ocho por ciento de votantes concientes de anular su voto, dicen más de la ciudadanía en acción democrática, que un cuarenta por ciento de electores que simplemente, no se presentó a votar por las razones que sean. Hay mucho que pensar al respecto.
PARA OREJA Y OPINA EN: laventanaciega@yahoo.com.mx

voto nulo
Anonimo on Lun, 07/06/2009 - 16:50