La teoría de la turbulencia solitaria
Federico Arreola
Si me preguntaran lo que opino acerca del avionazo en el que perdieron la vida Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, respondería que no fue un accidente.
Simplemente, no creo en nada de lo que dicen Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes, y sus colaboradores.
Para empezar, es un hecho conocido en la aviación que son realmente tardadas las explicaciones acerca de las causas por las que se ha caído una aeronave.
Hace días, los voceros del gobierno federal dijeron la verdad: las investigaciones iban a durar al menos 11 meses.
Un ingeniero muy serio que ha ocupado cargos relevantes en el sistema aeroportuario mexicano me dijo, el martes de esta semana, que así son las cosas en todos los avionazos registrados en todo el mundo.
El gobierno no mintió, desde luego, cuando sugirió que era necesario tener paciencia, porque encontrar la verdad iba a implicar muchos meses y hasta años.
Pero, de pronto, el gobierno federal dio a conocer unas transcripciones de unas grabaciones (por alguna razón Luis Téllez no se atrevió a mostrar las propias grabaciones), y, sin más evidencia, dictaminó: fue un accidente provocado por la impericia de dos pilotos con años en el oficio que, por incompetentes, no supieron reaccionar ante la turbulencia que dejaba otro avión.
De las dos grabadoras del Learjet que fueron analizadas en Estados Unidos, una de voz y otra de datos, solamente de la primera pudo sacarse información. De la otra, la más importante, no se obtuvo nada. ¿Por qué?
Con eso, y con un video sin valor explicatorio alguno, el gobierno concluyó: fue un accidente, y de inmediato los medios que invariablemente le hacen el juego al gobierno federal se lanzaron a linchar a los dos pilotos del avión que se vino abajo en Reforma y Periférico, muy cerca de Los Pinos, en pleno corazón de
Yo recuerdo haber oído rumores en las semanas previas al avionazo (los escuché de voz de personas normalmente muy bien informadas), según los cuales algo muy gordo le iba a pasar a gente cercana a Felipe Calderón. Las fuentes de estas versiones, se decía, eran de inteligencia militar.
No fui el único que escuchó eso. Probablemente porque algo le contaron, las primeras palabras de Calderón después de la muerte de Juan Camilo Mouriño y de José Luis Santiago Vasconcelos fueron una respuesta directa a las mafias del crimen organizado. Por si no fuera suficiente con lo anterior, Calderón metió en el enredo también al Yunque panista, lo que no hubiera tenido ningún caso si de verdad el titular del ejecutivo se hubiera creído la hipótesis del accidente.
A mí esta película me parece conocida. La vi en marzo de 1994, en el hospital General de Tijuana, el mismo día del atentado en el que perdió la vida Luis Donaldo Colosio. Ahí el señor Diego Valadés, procurador de
Es un recuerdo se me viene a la cabeza cada vez que escucho a Luis Téllez defender la teoría de la turbulencia solitaria.


que onda Issa
teresa on Dom, 11/16/2008 - 13:44