He leído

muchas veces el texto de Platón llamado "Lisis o de la amistad". Lo que

entiendo de ese escrito es lo siguiente: (1) No hay cosa más envidiable en el

mundo que tener amigos, y (2) el enfermo es más o menos amigo del médico en función

de si es más o menos grave su enfermedad.

Eso

significa que somos amigos de lo que necesitamos, es decir, de las personas que

nos resultan útiles o utilizables en determinado momento. Cuando dejan de tener

utilidad para nosotros, no se convierten necesariamente en nuestros enemigos,

pero dejamos de verlos, nos alejamos y, por lo tanto, la amistad se extingue.

Vicente

Fox, a fuerza, tenía más amigos cuando residía en Los Pinos que en la

actualidad que es un hombre con bastante menos poder. ¿Por qué? Porque en la

Presidencia podía Fox "curar" las "enfermedades" de mucha gente. En su casa de

Guanajuato, como un ciudadano más, sus habilidades para "sanar" a quienes se le

acercan enfermos de ambición han disminuido drásticamente.

Andrés

Manuel López Obrador, cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal, tenía

muchos amigos incluso entre los grandes empresarios mexicanos. En ese tiempo,

AMLO podía prescribir la "medicina" de los contratos de obra pública sin la cual

simple y sencillamente no pueden vivir algunos hombres y mujeres de negocios.

En dos años

más, Felipe Calderón perderá al 90 por ciento de los amigos que hoy tiene. Lo

vivirá.

Más que

cuando dejó la Presidencia, Carlos Salinas entendió lo falsos que eran muchos

de sus amigos cuando el gobierno de Ernesto Zedillo arrestó a su hermano Raúl: hasta

sus más leales lo dejaron solo.

Manuel

Camacho presumió ser el mejor amigo de Carlos Salinas durante muchos años. Dejó

de serlo cuando Salinas decidió apoyar a Colosio, no a Camacho, como candidato

del PRI a la Presidencia al finalizar 1993. En este caso, Camacho dio el giro

completo: pasó de ser el mejor amigo al peor enemigo de Salinas.

Hoy, en su

informe de gobierno, Enrique Peña Nieto estará rodeado de amigos. Si no llega a

la Presidencia en 2012, los perderá sin duda.

A todos nos

ha pasado.

Cuando yo

estaba cerca de Luis Donaldo Colosio, muchos políticos y empresarios me

consideraban su amigo. Después del magnicidio de Lomas Taurinas, ni me

contestaban el teléfono.

Recuperé a

algunos de los amigos que perdí con el asesinato de Colosio cuando, tiempo

después, me hice director de los diarios Milenio. Útil de nuevo, políticos y

empresarios volvieron a marcar mis teléfonos.

Director de

Milenio, fui el mejor amigo de muchos de los periodistas a los que contraté.

Casi todos dejaron de hablarme cuando perdí el poder de autorizar sus pagos de

honorarios.

Algunas

personas importantes que fueron muy amigas de López Obrador mientras este

punteaba en las encuestas en 2006, me pidieron que amablemente le informara al

Peje que por ningún motivo le iban a retirar la amistad, pero que iba a dejar

de verlo para no molestar a Calderón.

Solo una

vez se me ha ordenado ser amigo de alguien, de Liébano Sáenz. El que lo ordenó

fue Luis Donaldo Colosio. Fuimos amigos en la medida en que Liébano me era útil

a mí, y en que yo le era útil a Liébano. Ya no lo somos.

Durante

todos mis años en Milenio fui el mejor amigo del propietario de estos diarios,

Francisco González. Nos veíamos varias veces al día, comíamos cada semana y

realizamos numerosos viajes juntos. Cuando abandoné la empresa poco a poco dejé de verlo. Ni Pancho estaba

interesado en hablar conmigo ni yo estaba interesado en hablar con Pancho. Hoy

tal vez somos enemigos.

Pese a

todo, tiene razón Platón, no hay cosa más envidiable en el mundo que tener

amigo, y por falsos que sean uno se siente triste cuando los pierde.