Se ha acumulado un peso insostenible en el año que se va para el pueblo que gana lo mínimo o que simplemente no gana porque trabajo, no hay. La carga se percibe estática, mantiene abierta la misma llaga de siempre luego de cumplir con el jornal de un día normal donde han alcanzado a comer. Satisfacción efímera, que engaña a la desnutrición. El niño chiapaneco que mira al suelo, perdido entre la tierra rascada con sus dedos, come mejor en el exilio forzoso. Sus padres decidieron buscar el alimento y el cobijo, probar fortuna en los sitios que les han contado existía un auge. En la construcción o la jardinería, es bueno el trabajador sureño, supongo para muchas otras faenas. A la segunda década del 2000 que comienza, no piden nada. Sólo aprenden la nueva nomenclatura en el calendario. Se ha diluido el tiempo en la perenne necesidad; no se conciben fechas de auténtica celebración, se muestran opacadas por penurias materiales o morales.
Arrancan los chiquillos en silencio hierbas malas de los jardines. Su bolsa plástica se va llenando de hierbajos desenraizados ¿de qué pensamientos ocuparan las horas en ese vaivén de uñas que limpian lo crecido no deseado? Los contratan por ser mano de obra barata e ilegal, no pasan de catorce años. Empresa jalisquilla había de ser, pero por esta vez les agradezco. Críos que requieren de trabajar. Niños sin juguetes, sin tele, que limpiando jardines se ganan el pan, comienzan el año. Ajenos, están a salvo cuando menos de tanta basura televisiva sin respeto por las realidades nacionales. Sin ningún recato, ni austeridad.
Foros de mujeres altisonantes ataviadas en cernidos vestidos de supuesta gala. Piernas alzadas en cursis tacones que incitan a pasar el rato fuera de la realidad. Diversión convertida en farsa. Caretas de felicidad de vitalidad simulada, de oferta ilimitada de buenos deseos que no significan más allá de las palabras para seducir al televidente con sus bocas pintadas, a fantasear en un inalcanzable presente. Frívolo mundillo el que ofrecen a millones de apaciguados con este gancho audiovisual al hígado. Malacrianza. Marionetas de acentos iguales al gesticular sus líneas; autómatas en la misma cadencia frente a las cámaras, rebosantes de ficticia camaradería muestran el lado bruto de los de arriba.
Este niño que no mira televisión no debería trabajar para subsistir, sino ser alimentado para asistir en buenas condiciones a un plantel educativo. Es un derecho inalienable que desconoce. “En el trato prioritario a la niñez radica el progreso de la nación”. Derecho negado en México. Son esponjas en la etapa humana de formación. Ya merecen que se les cuide que se les proteja que no se les mal eduque y promuevan los valores que no les redituarán, que detendrán su avance como personas íntegras.
Disciplina, ética, congruencia, lógica, sentido común, valentía basada en la rectitud y el respeto universal no en le fanatismo, lo que se necesita para iniciar la década del cambio, de la transformación. Que ya germine la semilla de la mujer dormida, de la serpiente emplumada. Que se detone el parto. La desfloración del capullo que temía abrirse. El compromiso solidario de los hombres y mujeres de la nación La liberación del orgullo civil del pueblo mexicano que llegará para quedarse. Levantaremos la cabeza muy en alto cuando al vencer al enemigo adverso, al que detiene y clausura el progreso, aseguremos un futuro que ame a los hijos nuestros, y experimentaremos entonces los bienes de la Patria dadora que inspirará al fin, loas y alegres versos.

ESTARIA BUENO AGREGAR....
el jar8 on Lun, 01/04/2010 - 18:01