41 muertes causadas por el terror en Bagdad. Nos ganaron ese día, aunque los superamos en el recién iniciado récord anual. Es una cuestión de ir acumulando las cifras como si se tratara de una estadística que debiera continuar.
Hasta cuándo vamos a permitir hermanos que el presidente auto presentado a la población como “El haiga sido como haiga sido”, su gabinete, su secretario de seguridad pública, nos continúen mintiendo. Se burlen de nosotros asegurando que su guerra contra la delincuencia organizada producto del narcotráfico y ampliada a una diversa gama de actividades ilegales, criminales y destructoras del tejido social, se está ganando, triunfa.
Por qué debemos aceptar los ciudadanos que los que nos representan se hayan degenerado. Persistan en dictar desde las cúpulas decisiones que nos incumben a los votantes, centrando sus objetivos en obtener el poder, en ganar elecciones. “La gente está harta de tener gobiernos que sólo en campaña hablan del pueblo y después ya no quieran ni mirarlo” dijo Clara Brugada. No cabe, parece ser, la atención al pueblo herido. No entra en el plan de trabajo durante tiempos de elecciones. Ni en ningún otro. Los acuerdos tomados son dirigidos hacia los temas que se piensa recaudarán más votos, la exclusiva obtención del sufragio es la meta. Los simulacros de desacuerdo se subsanan y se arreglan las antiguas rencillas en familia. Calderón se pasea por cumbres y mares prometiendo los calzones para acaparar la atención. Sale a prostituirse al extranjero, al mejor postor.
¿Pero qué hacer para recomponer ahora el haberle dado de palos al avispero? Reglamentar. Legislar. Participar en el mercado, en la ganancia. Así lo hizo el gobierno sueco con el alcohol. Bajó el índice de adictos y controló la oferta y la demanda. Se generó un fondo público. Pero aquí en el rabioso territorio, existe la posibilidad del incremento de otras ramas delincuenciales como el secuestro, el robo, la extorsión. Un reto que hay que solucionar.
Dudo que el pueblo prefiera, como lo prefieren los que gobiernan, que en el suelo del país se siga derramando la sangre de la gente desamparada, de los adversarios abatidos, de nuestros jóvenes y niños.
Dejar que las constantes bajas diarias nos tornen insensibles, nos acostumbren a lo erróneo, detiene el progreso civil. Nos orilla a determinar que no hay forma de romper el círculo vicioso. ¿Con qué cara van al extranjero a decir, tranquila sonrisa puesta, que México avanza, que ha salido de la crisis económica, cuando los Estados Unidos aun no lo hace? La comunidad refrenda ante tales declaraciones la desesperación, la compulsión del presidente mexicano.
Declara Calderón sin vergüenza e infantilmente que trabajará para que México sea el país líder mundial en atraer capitales. Pero sus actos de gobierno van en contra de la seguridad de las inversiones, del crecimiento, promueve el estancamiento, la pérdida y el desempleo. Si esto es consabido en el mundo entero, quizá debamos considerarnos un pueblo masoquista. Si Calderón frivoliza que un comando armado ametralle a su antojo y con ello acepta que está imposibilitado para detenerlo, les otorga la libertad para continuar.

recuerden:
Anónimo on Jue, 02/04/2010 - 19:14