Soy tamaulipeco, soy tampiqueño y
siempre he estado orgulloso de ello, en mi ciudad hay olvido, en mi ciudad hay
corrupción, injusticias, etc. Pero no es nada distinto a cualquier otra.
Nacemos, crecemos y nos educamos viviendo así bajo ese patrón, pero no es el
exterior el que nos debe forjar como mexicanos de molde, es cada uno en el
interior quien decide como crecer.
¿Ingobernabilidad? Esa es una palabra muy fuerte, a nadie le
gustaría aceptar que su lugar de residencia es ingobernable, eso se dijo de
Oaxaca, eso se dijo de Ciudad Juárez, ahora lo dicen de Tamaulipas.
Soy un tamaulipeco que ha vivido
violencia similar de una manera distinta, viví en Ciudad Juárez un corto tiempo,
viajé a Ciudad Juárez por primera vez cuando era un Juárez al cual se le
conocía sólo por su violencia de asaltos y por los asesinatos de sus mujeres,
llegué como llega uno a una ciudad que no conoce, con incertidumbre, con cierto
temor por las historias que ahí se vivían, temía por cada mujer que conocía.
Por los medios sabía que cada historia de una mujer asesinada se pintaba de
rosa una cruz, cosa curiosa que al llegar quise ver las cruces y nadie me supo
decir en donde estaban, ahí me di cuenta que es muy distinto vivir desde afuera
la situación de una ciudad ajena.
Cuando volví a Juárez lo hice después
de que el gobierno federal lanzara cientos de soldados, la "guerra" contra el
crimen organizado se había desatado, las calles se pintaban de color arena, los
hospitales tenían calles cerradas a su alrededor y en las explanadas había vehículos
militares.
Ya conocía la ciudad y caminaba mucho,
siempre pensando en una sola cosa: "Y si se suelta una balacera, ¿para dónde
corro?". Sin embargo nunca temí por mi vida, si me tocaba me tocaba y solo
formaría parte de la estadística. Los medios locales mostraban ejecuciones
hasta de más de 20 en un día y era tan común que lo veía como parte del
folklore de la ciudad.
Actualmente en Tamaulipas se vive una
guerra interna, un gran debate que tiene como mediador a las fuerzas armadas
del federal y como espectadores a los ciudadanos, mismos que se ven
involucrados y en ocasiones afectados por esta lucha, al igual que en Juárez no
temo por mí, temo por mi familia y por mis amigos, no quisiera que formaran
parte en estadísticas de "daños colaterales".
Lo doloroso de esto es que hemos
perdido la confianza, ver cómo tus seres queridos son presa del miedo, miedo a
salir a la calle y salir víctima. Cada que alguien me dice "mataron a un amigo"
pregunto la razón y siempre es la misma respuesta: "Andaba metido". En esta
guerra las víctimas inocentes son testigos, de eso no estamos exentos pero
tampoco podemos vivir con miedo encerrados en casa.
No me gusta saber a mis paisanos
tristes y temerosos, inseguridad hay en todo el país y de todo tipo, en
Tamaulipas se lleva una guerra, una limpia pareja con muchos involucrados y
debemos ser fuertes, no somos tontos y estamos conscientes de lo que pasa,
cuando se desestabiliza una organización y hay división sabemos en lo que
deriva.
El mismo candidato a gobernador por
parte del PAN, José Julián Sacramento, dijo en una entrevista respecto al
lamentable asesinato del que en vida fuera su contrincante por parte del PRI,
Rodolfo Torre Cantú, que Tamaulipas tiene dos autoridades, una entre comillas y
otra sin comillas, eso nos queda claro, sabemos que se refiere como "autoridad"
a los que se supone deben mantener el orden en el estado elegidos por el
pueblo, y como autoridad a los que verdaderamente mantienen a raya al estado
con armas.
¿A quién debemos temerle? Si quien se
supone nos debe cuidar nos lastima, no soy político, tampoco soy mensajero ni
mediador, sólo soy un ciudadano al que no le gusta leer y escuchar que su
estado está hundido. Como tamaulipeco sólo puedo decirles a mis paisanos que
estemos tranquilos, que no perdamos fuerza, que pensemos con cabeza fría, que
sigamos luchando por crecer, por sacar adelante a nuestras familias, por no
dejar que nos supere el miedo y esperemos pacientes el regreso de nuestro
tranquilo estado.