El Consulado estadounidense con sede en Monterrey lanzó una
advertencia a sus trabajadores para que no salgan del municipio de San Pedro
entre la medianoche y las 6 de la mañana, las cosas en la ciudad están que
arden, y aunque pareciera que en el municipio de San Pedro no, también ocurren, y son graves.
Aparte de las balaceras y levantones publicados en los
periódicos, sobresalen las historias de secuestros por parte del crimen
organizado de mujeres de todas las edades y de todos los estratos sociales,
fundamentadas o no, estas leyendas urbanas tienen a los nuevoleoneses, desde
los que viven en San Pedro hasta los que viven en las rancherías en los límites
estatales, con el alma en un hilo.
Como es obvio Estados Unidos protege a sus ciudadanos que
viven en México, así como intenta protegerse de que los indocumentados (a
quienes tratan como a una plaga) infesten su país, "el de las oportunidades y
la libertad de expresión" presumen, aunque cuarteen sueños y enmudezcan voces.
Pero ¿quién protege a los mexicanos? Felipe Calderón
pareciera uno más de los mexicanos que acudió a la Plaza de Santo Domingo a
comprar su título pirata, el de Presidente de la República, sin preocuparse
luego de que al ejercer tendría que desempeñar labores específicas que pondrían
de manifiesto su ineptitud, desconocimiento y total desinterés por sacar
adelante a los pobladores de una nación, a menos que estén pintados de azul, o
se apelliden Gómez del Campo o Calderón.
Y todavía nos quedan dos años padeciéndolo...
Ahora que tanto empresarios
como empleados, ciudadanos de las clases alta, media y baja, están
siendo afectados por la inseguridad y la violencia; ahora que son muchos los
que se van del país al extranjero, o como ratas encajonadas huyen de un estado
a otro, es cuando sentimos el alto costo de nuestra pasividad, de esa
inmovilidad en que, quizá por desaliento o pasmados por los resultados de la
guerra fallida de Calderón, nos encontramos sumidos, en la desolación y la
impotencia de no tener con quien contar.