Es que
¿quién iba a pensar que un inofensivo osito podía ser un asesino? Absolutamente
nadie.
Pero es que
a fuerza de repetición nos han acostumbrado a relacionar la comida alta en
carbohidratos simples; porque según las "novedades" de la Secretaría de Salud,
no podemos decir "comida chatarra", ya que esos calificativos "solo
desinforman", al menos para las autoridades de salud, porque a los mexicanos
que no somos parte de los emporios alimenticios que engordan las ganancias de
sus marcas engordando mexicanos, sí nos dice mucho: comida chatarra = a
Coca-Cola, Sabritas, Ricolino, Marinela, Gamesa y un largo etc., que daña
provocativamente las ganancias que estas empresas a su vez comparten con
emporios mediáticos como Televisa o más recientemente Tv Azteca.
Pero el
asunto no es oscuro ni siquiera tétrico o mafioso, es tan obvio que por eso
resulta complejo de ver para algunos que (y regreso al osito) ver a un jugador
de futbol diciendo "haz sándwich" le da todo un sentido a un "alimento" que
poco aporta a la dieta del mexicano cuando no puede ser complementado con
proteínas, es decir, con eso que se sale de la canasta básica y donde no se
puede conseguir en bolsita por tres pesos, como la Coca-Cola o unas papitas.
Ya no nos
metamos con el asunto de que los mismos seleccionados mexicanos son una pifia
cuando se trata de meter goles, y que si les hiciéramos caso (¿o será porque se
lo hacemos?), México no va a ganar este mundial tampoco, digamos que ni llegar
a semifinales... que va, intentar alcanzar el avance a una ronda intermedia se
antoja imposible.
Un Osito...
¿dónde íbamos a ponerle al osito una connotación negativa?, es que quizá si
existiera conciencia en quienes manejan estas empresas y pensaran en vender
pero no en atiborrar el mercado, el exceso en la exposición de estas marcas no
existiría, podríamos ubicar al condenado osito como ubicamos una marca de
calzado o una de ropa; pero no, pasa que el osito es elemento de primera
necesidad, causa primaria de enfermedad en México. Aunque también sabemos de
falta de actividad física, los padres inexistentes en cientos de miles de
hogares como causa de una política economía que nos ha orillado durante varias
décadas ya, a una evolución social distinta a la que nuestros abuelos o padres
estuvieron acostumbrados.
No pedimos
que se cambie todo en el Universo, sólo que un osito se modere más y un grupo vulnerable
(el niño y el adolescente frente al televisor en estado de abandono
cognoscitivo) este menos bombardeado a las mentiras para poder salvarle la vida
antes de que decenas de kilos lo lleven a la tumba, restándole -como la
diabetes y la obesidad lo hacen en promedio-, cerca de 20 años a un mexicano
que no debe morir por gordo (ni en un choque por un borracho ni por una
sobredosis --solo que nada de eso se anuncia diariamente unas 120 veces en tres
horas-), sino de anciano (ya en el colmo del hedonismo, anciano y feliz, luego
de haber vivido una vida -al menos, no enfermo la mitad de la misma-).
El asunto
de fondo es que Televisa y Tv Azteca, han podido crear "productos de
entretenimiento" que nos enseñan que el osito Bimbo, o toda la bola de chatarra
que nos "educan" con base en la repetición inaudita, es lo que "debemos comer";
ahora nos sorprenden nuestros primeros y segundos lugares en obesidad cuando no
podemos pensar en otra cosa (bueno, eventualmente en cerveza --gracias a Dios ya
no en tabaco-) porque entre telenovelas, partidos de futbol o churros
dominicales, no se le da opción a las mentes en formación de la infancia de
este país, de pensar en nada que no sea el inofensivo osito, el gansito, o "el
camión rojo de mi papá" repartiendo plástico lleno de agua con azúcar para
poder, con el paso de los años, aumentarte unos 20 o 40 kilos de más, una
diabetes casi irremediable, posteriormente un gasto enorme en la atención
médica que ningún gobierno podrá sostener, pero causado por su falta de regulación
ante el abuso sistemático que hacen las empresas de comida chatarra y las
televisoras en perjuicio de la infancia y adolescencia mexicana.
De los
adultos ya ni hablamos, que hoy tienen la edad exacta para seguir consumiendo
"el pan blanco Bimbo" porque crecieron idiotizados viéndolo cada cinco minutos
de programación con un condicionamiento para el cual se encontraba (aún se
encuentra desamparado, como todo telespectador -no me lo crean a mí, hay que
leer un poquito a Mónica Codina en "Ética de la programación televisiva", por
citar sólo un ejemplo) que lo explican mucho mejor-) y muchos de los cuales
ahora son obesos (en el mejor de los casos) o ya diabéticos.
Y es que
ambas enfermedades están tan relacionadas, que la Organización Mundial de la
Salud (OMS) contempla la posibilidad de cambiarle el nombre a la enfermedad y
denominarla: Diabesidad; ya que van irremediablemente ligadas (si no me crees
da un googleazoy chécalo por ti mismo).
Total que
ésta mañana luego de ver nuestros cinco goles como selección contra Gambia,
mismos que pudieron ser ocho, así como la lamentable permisividad de ser
invadidos con un gol por parte de ese pésimo equipo, me hizo recordar --puesto
que no vi otra cosa que el engañoso osito Bimbo-, que por mentiras repetidas como
las de Bimbo, nos tenemos que conformar con los jugadores que tenemos, de esos
que nunca ganan mundiales, por una alimentación pésima, porque ya para cuando
los enfilan a las selecciones de primera división, ya no crecieron lo que
debían (bueno, los genes tampoco ayudan) pero en vez de captarlo, solo vemos a
los miembros de la selección promoviendo el consumo idiota de carbohidratos
simples "como base de una buena alimentación" que ni a ellos les sirve un
carajo, porque acabamos jugando como nunca y perdiendo como siempre.
Pinche
osito Bimbo, por tu culpa ya no creo en la bondad.
Luna
Líquida
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