Sin ánimo de polemizar sobre los montos de los presupuestos propuestos a las secretarías de Estado, este tecleador ha llegado a la difícil conclusión de que sería de enorme ayuda que dentro de dicho presupuesto, del que se propone asignar a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), se considerara el gasto para que los altos y medios mandos de dicha secretaría obtuvieran lentes de alta graduación.
No es broma: es evidente la gran ceguera financiera que sufren no sólo Agustín Carstens y Felipe Calderón en materia de recaudación fiscal, sino que dicha ceguera se ha convertido en un virus maligno que ha infectado a todos los mandos en todos los niveles de Hacienda.
Esta afirmación no solamente se aprecia en la terrible incapacidad ya demostrada por Carstens para determinar un presupuesto acorde a las realidades del país, en el cual se dejó de lado un proyecto que lograra ampliar la base de contribuyentes y permitir asi que se reparta la carga fiscal en un número mayor de ciudadanos y de empresas, sin considerar las graves lagunas fiscales que posibilitan que grandes trasnacionales evadan impuestos al grado de que un trabajador, -en tan sólo un mes-, pague más impuestos que una gran empresa que obtiene ganancias millonarias. No se trata de no pagar, sino de pagar lo justo.
Pero insisto: no solamente la ceguera se puede apreciar en la ignorancia ó el desinterés para desarrollar una estrategia justa de recaudación fiscal, sino que también puede apreciarse en los comentarios de los funcionarios de la SHCP, quienes no se cansan de hacer declaraciones en las cuales, francamente demuestran que no tienen ni idea de qué rumbo económico está tomando el país.
Tal es el caso del subsecretario de Ingresos de la SHCP, José Antonio Meade quien afirmó durante la discusión de la propuesta gubernamental con el poder Legislativo en la Cámara de Diputados que a pesar de que el Paquete Económico 2010 presentado por Hacienda es “ligeramente inflacionario”, éste no representa un riesgo para que la inflación se salga de control o llegue a niveles desmedidos, ya que según Hacienda, dicho riesgo “está en línea con los objetivos del Banco de México”, el cual ha previsto que la carga inflacionaria para el siguiente año sea del 1%.
¿Y su nieve?
De forma textual, Meade afirmó que “a nuestro juicio (de la SHCP) el paquete si bien tendría algún impacto en la inflación estimado en el 1%”, y que “de tal suerte que las medidas no nos movería a un régimen que estuviera saliendo de control o que genere una inflación desmedida o que tan siquiera amenazara con hacerlo”, a pesar de que “México sufrió este año una caída que podría calificarse dramática”.
¿Podría calificarse dramática? ¿En serio, señor subsecretario?
Basta ver los indicadores: un cambio vertiginoso en la balanza comercial que obedece a la baja en la importaciones, ya que las empresas dedicadas a este rubro no pudieron entrar competitivamente al mercado y por ende, sucumbieron a la vorágine financiera.
Pero lo más grave, es que Meade justifique el alza de impuesto con algo tan falto de fundamentos como su teoría de que dicha medida no repercutirá en el aumento de la inflación. Tan simple como ver que, con el aumento de impuestos, aunado a la fuerte baja en la generación de empleos y a la caída en picada libre del poder adquisitivo de la clase trabajadora; un aumento en la carga tributaria afectaría también en los índices de consumo, sin contar que para el otro año el precio de la gasolina dejará de estar subsidiado.
Todo esto, a pesar de aquellas observaciones que hiciera Agustín Carstens de que “ya tocamos fondo”. El fondo aún no se ve, y México puede seguir cayendo, a pesar de que no lo vea o no lo quiera ver el secretario de Hacienda.
¿Ven por qué necesitan los lentes?
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Para Federico y Victor
Ricardo García on Sáb, 10/10/2009 - 17:31