Primero fue el Premio Nobel de Economía 2003, Robert Engle, quien criticó las pretensiones de Felipe Calderón y Agustín Carstens de incrementar la carga tributaria a la población mexicana justamente cuando la economía de nuestro país se encuentra en un franco periodo de recesión.
No tiene ni un mes que Engle refutara esta medida, al declarar que “Los impuestos a los que usted (la fuente) se refiere en México son a nivel federal. Yo no recomiendo en momentos recesivos, aumentar los impuestos, esta es una solución equivocada. Los impuestos que yo estaba recomendando aumentar son para empresas adversas, con alto riesgo; cualquier situación que ellas pueden tener un efecto adverso, estoy hablando de instituciones como los bancos o las compañías de seguros”.
Entonces, la postura del Nobel de Economía 2003 quedó bastante clara: La carga tributaria debe de pasársele a las instancias financieras de alto riesgo, como lo son los bancos y las compañías de seguros. La prensa nacional, como es costumbre, no tocó el tema, y desde luego, tanto Carstens como Calderón se pasaron las recomendaciones de Engle por el arco del triunfo.
¿Usted cree que la visión de Engle sea equivocada? Pues fíjese que resulta que ya otro Premio Nobel de Economía, James J. Heckman, quien ganara dicho reconocimiento en el año 2000, también se ha dado a la tarea de lanzar severas críticas a la economía mexicana, a la cual calificó de “lenta, altamente regulada, con alta dependencia del petróleo y enorme impacto negativo de los monopolios”, lo cual la hace menos competitiva con respecto a las otras economías de la región.
Durante su ponencia en la conferencia internacional “Retos y Estrategias para Promover el Crecimiento Económico”, Heckman recalcó que los monopolios en México han elevado costos y retrasado el crecimiento, pero en la larga historia de México ha permeado temor para incentivar a los mercados.
Dos Premios Nobel de Economía han lanzado ya la alerta y han señalado las fallas en las que ha incurrido el (des)gobierno mexicano. Al final, ambos terminan con un solo pensamiento: el combate a la desigualdad social.
Mientras Engle critica que se le cargue el peso de los impuestos a la clase trabajadora, Heckman hace énfasis en los monopolios (tanto privados como del Estado, que conste), y más aún, pone el dedo en la llaga: ¿Por qué no se combate vía tributaria la informalidad?
Desde luego, pensar que la opinión de dos grandes de la economía pueda siquiera poner a pensar al secretario de Hacienda y al inquilino de los pinos es mucho pedir. Felipe Calderón propuso el aumento de impuestos no por tener clara una estrategia económica, sino más que nada, para pagar favores políticos hacia aquellos que lo ayudaron y lo financiaron para llegar al poder por medio de un fraude electoral.
Es por esa razón que nuevamente echarán en saco roto las observaciones de dos reconocidos economistas. Y también, este es el costo de que en nuestra utópica e inexistente democracia mexicana, se haya permitido que un organismo como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) dirigido actualmente por Armando Paredes, financiara con total impunidad propaganda electoral a favor de Felipe Calderón durante el 2006. No por nada, ya el sector empresarial se ha encargado de recordarle tanto a Carstens como a Calderón que gracias a muchos empresarios, ellos están sentados ahí.
He ahí el precio de llegar al poder con las manos atadas y con facturas por pagar. Pobre México.
Comentarios: masiosaresdp@gmail.com
Sigueme en Twitter: http://twitter.com/audiotekno
Facebook: http://facebook.com/audiotekno
Descarga el PDF del impreso visitando el blog:http://ojeteprofesional.wordpress.com

mediocridad
Anónimo on Mié, 03/10/2010 - 22:24