Hoy tenía que ir al Distrito Federal a dejar unos documentos importantes para mí, pero el regreso fue un poco antes de la hora esperada, así que decidí conocer la parte alta de la estación de tren suburbano que se ha convertido en un lindo centro comercial.
Tomé la primera escalera y recorrí el círculo que forma el domo hasta llegar a la otra escalera, después de ascender la tercera, el paisaje que se rebeló fue hermoso, a mi lado iba uno de los trabajadores del tren, vestía un overol azul con un casco industrial color rojo.
Cuando llegamos a la parte alta admiré el hermoso paisaje del ventanal que dejaba ver esplendorosamente el monumento a la Revolución, el edificio del PRI, avenida Insurgentes, en fin.
Las nubes anunciaban una tormenta inminente, el paisaje estaba dividido casi perfectamente a la mitad, del lado izquierdo miraba tremendos nubarrones, del lado derecho el paisaje lucía más blanquizco y relajado.
Pensé que sería imponente ver llover desde ahí, así que me apresuré hacia la derecha buscando algún refresco o algo que tomar.
Mientras lo hacía, el sujeto del overol tal vez de mi edad, "treinta y tantos años", caminó hacia una mesa que estaba exactamente en medio y enfrente de ése paisaje, dándole un beso con alegría en la boca a una mujer muy linda que lo esperaba, acaso unos 4 años menor.
El panorama era estupendo, tuve que conformarme con la segunda mesa detrás de los que supuse que eran tórtolos enamorados, tomé mi magnánimo libro que tanto degusto como delicioso pastel y me instalé a mis anchas, en la mesa derecha otro muchacho, jovencísimo claro (un par de años tal vez más grande que yo), hacia lo propio con otro libro que estaba más grandote que el mío y se veía sumamente interesante (me pregunto: ¿por qué no investigue el título?
En verdad la curiosidad me mataba), con un marcador amarillo subrayaba de vez en vez.
Giré mi vista al frente, por el ventanal se veía a lo lejos un hombre con arnés, atravesaba el techo a una altura tremenda, uf.
. . sentí vértigo de solo verlo.
Los supuestos tórtolos dejaron de serlo en el momento en que el hombre de overol sacó un frasco de cristal para perfume, su expresión fue de molestia, miré cómo le reclamaba a la chica.
De inmediato supuse que ese frasco él lo había encargado, pero no había sido de su agrado, durante los siguientes 7 minutos la escena lució igual, él molesto le reclamaba, ella intentaba besarlo, él no hacía nada, hasta que se levantó y se fue, en el lapso de veinte segundos ella hizo lo propio, les separaban apenas algunos metros de distancia al subir las escaleras.
Mi especulación fue la siguiente: seguramente él había encargado algunas cosas en donde posiblemente habían invertido un capital, el error de ella les costaría incrementar los costos, hasta ahí se justifica la acción del hombre, pero.
. . Él no tomó en cuenta que ella seguramente fue al centro a comprarlos, no le dio importancia tampoco al estrés y cansancio que posiblemente tenía, además de que al intentar un acercamiento físico, él la rechazó.
El mensaje es sencillo: "No haces lo que te pido, como te lo pido, no hay abrazos".
Ella como necesita de los abrazos accedió a evitar "la bronca", claro mirando de reojo detrás suyo para estar segura que nadie había notado el problema.
El cruce de egos decía lo siguiente: Superficialmente Él: no sabes cumplir con lo que te pido, no me sirves.
Ella: necesito cariño, si no me lo das no se qué hacer, soy muy torpe para hacerlo bien.
Más adentro Él: mi miedo a perderte y estar solo me hace rechazarte de éste modo, si me abandonas no me dolerá tanto.
Ella: hacerte sentir culpable hará que después me quieras más, por eso debo hacerte pensar que te obedezco, pese a que sabía que esos frascos no te gustarían, pero dentro de mi me saboteo y te saboteo.
Más adentro Él: Mis carencias son demasiadas, me han humillado demasiado, como no he podido superarlo ahora te humillo para poder crear un sentimiento falso de seguridad.
Mientras tú seas la torpe yo podre relucir como inteligente y de éste modo no volveré a sentirme torpe jamás.
Ella: Hazme sentir torpe sé que eso necesitas ahora, porque me necesitas y eso garantiza que estés conmigo, mientras crees necesitarme no estaré sola, me aterra la soledad y prefiero aguantarte, antes que enfrentarme a mí misma.
Más adentro aún Él: tengo miedo, no sé dar amor y no sé recibirlo.
Ella: tengo miedo, no sé dar amor y no se recibirlo.
Si ambos hubiesen sido ya honestos consigo mismos, él sabría que ella no tiene la obligación y puede cometer errores, agradecería el esfuerzo que ella está haciendo y planearía una solución para obtener los frascos que se requieran, sabiendo que todos cometemos errores y que éstos tienen solución, entonces la hubiese besado tiernamente en la boca mientras agradecía el sentir la compañía y cariño de alguien, que le había hecho el favor de dedicar un día para brindarle algo que necesitaba.
Ella a su vez sabría que una relación es un equipo y que no necesita a alguien que la humille, que todo lo contrario, estar sola no es malo y es más lindo compartir momentos hermosos con las personas, pero estos son imposibles cuando alguien lastima o cuando alguien permite ser lastimado.
Entonces pensé: los seres humanos vivimos rodeando el amor, el amor de pareja o mejor dicho dando vueltas alrededor del amor, los que lo tienen desean alejarlo y los que no, desean tenerlo para después alejarlo.
Pero el amor no se da hasta que superamos nuestro miedos de amar, a ser lastimados, a ser abandonados, a no ser alimentados en nuestros egos, el amor no se nos va a dar hasta que no estemos dispuestos a recibir lo que el otro tiene para darnos y no a exigir el amor que nosotros queremos que nos den.
Es sencillo aprende a amar sin miedos y aprende a recibir el amor que te brindan, pero lo más importante sábete que el amor más necesario es el que te puedes dar a ti mismo.
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