Hoy en la mañana escuchaba en la
televisión a una especialista dando consejos sobre como protegerse de la
delincuencia y la ola de violencia que azota nuestro país. "No salga de noche",
"cuando salga de vacaciones hágalo procurando que el menor número de personas
lo sepa", "siempre este alerta"... "no confíe en nadie".
Entiendo la buena intención de sus
consejos y entiendo que las personas que lleven a cabo sus consejos lo harán
con la mejor de las intenciones: protegerse y proteger a los suyos. Eso nadie
lo pone en duda. Sin embargo, la situación no es una buena señal. Cuando los
individuos son orillados a ver al otro como enemigo y extreman medidas para
sentirse seguros, se puede decir abiertamente que el estado ha fracasado en uno
de sus valores fundamentales: proporcionar paz y seguridad.
La "guerra" sin estrategia que
emprendió Calderón ya ha dejado ver las más inmediatas de sus consecuencias:
terror, muerte, desconfianza, odio, desesperanza... Lamentablemente esto es sólo
el principio. Un estudio realizado por Laura A. Daly y Linda M. Pérez, busca la
relación entre conductas violentas en niños y los contenidos a los que son
expuestos en televisión.
Los resultados confirman que niños
expuestos a violencia en los medios de entretenimiento manifiestan una
probabilidad elevada de agresión. Los niños que miran comportamientos agresivos
probablemente imitarán la agresión, la exposición repetida a imágenes violentas
insensibiliza a los niños respecto a la violencia y los inclina hacia
comportarse de manera agresiva.
El estudio realizado por las
especialistas se enfoca en la exposición del niño a los medios de comunicación;
en lugares como Juárez, Monterrey, Tijuana y Tamaulipas la exposición la viven
en sus ciudades, escuelas, parques y calles. Son niños sobre expuesto a la
violencia. Que han visto muertos, escuchado tiroteos, visto matones y vivido
con el miedo constante a la muerte. El Estado le ha fallado a esos niños. Ha
violado su derecho a vivir en paz, a jugar y a explorar el mundo en libertad,
en cambio les ha impuesto una dieta de terror y de sangre. Nadie sabe cuales
serán las consecuencias de tanta violencia en nuestros niños, pero no esperemos
que el saldo sea blanco. Bonito legado, Señor Presidente.