México, 13 Dic (Notimex).- Con la reciente recopilación de obras inéditas en los tomos “Las repeticiones y otros cuentos”, “La torre sin fin” y “Ejércitos de la oscuridad”, el ámbito académico argentino ha redescubierto a su coterránea Silvina Ocampo, quien murió el 14 de diciembre de 1994.
Los especialistas han descubierto a una prolífica escritora, autora de obra entre cuentos, poesía y novela, en que resalta su inagotable imaginación y su aguda atención por las inflexiones del lenguaje.
Autora de obras como “Lo amargo por dulce”, “Cornelia frente al espejo” y de teatro “Los traidores”, ésta escrita al lado de Jorge Luis Borges y Bioy Cásares, la escritora argentina poseía un lenguaje cultivado que le sirvió de soporte a sus retorcidas invenciones en la mayoría de sus relatos en el territorio de lo fantástico.
Nacida en Buenos Aires, Argentina, el 28 de julio de 1903, fue la menor de seis hijas del matrimonio conformado por Manuel Silvino Ocampo y Ramona Aguirre.
Desde pequeña estudió pintura y mostró inclinación por la poesía; la tradición cultural de su familia y la trayectoria de su hermana Victoria Ocampo la obligaron a acercarse al mundo literario y a la pintura. Silvina dibujaba indistintamente los retratos de sus amigas y de sus poemas.
A decir de sus biógrafos, la joven escritora poseía una inteligencia descomunal, de la que hacía uso en silencio para observar la naturaleza que tanto veneraba. Practicaba la adivinación, facultad que ejercitaba en las capacidades para aprender, presentir y acordarse.
Para 1933, por conducto del escritor Jorge Luis Borges, su gran amigo, conoció al autor Adolfo Bioy Casares, con quien se casó en 1940. Tuvieron una única hija, Marta, en 1954.
En sus inicios, en su poesía dominó los metros clásicos y rimas inocentes, muchas veces dedicadas a la descripción y exaltación de la belleza de elementos naturales como las plantas que tanto admiraba y plasmó en “Viaje olvidado” (1937), “Espacios métricos” y “Enumeración de la patria” (1942), además de los “Los sonetos del jardín” (1946).
En poemarios posteriores, como “Los nombres” (1953), “Lo amargo por dulce” (1962) y “Amarillo celeste” (1972), la artista muestra un verso más elaborado y a la vez desinteresado por el clasicismo.
A excepción de algunos poemas, que fueron publicados en algunas revistas francesas, su trabajo poético, que representa más de la mitad de los 20 títulos de su obra publicada, permaneció desconocida para los hablantes de otras lenguas externas al español.
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Recopilan en Argentina. dos. español
Su trabajo en prosa, que contiene los comentarios introductorios de personalidades como Borges e Italo Calvino, contó con mejor suerte y fue traducida al francés por el escritor Héctor Bianciotti.
Curiosamente ella misma tradujo muchos de sus escritos a otros idiomas, y al español la poesía de Pierre de Ronsard, Gérard de Nerval, Charles Baudelaire, Andrew Marvell, Alexander Pope y, sobre todo, de Emily Dickinson.
Además de las citadas obras, destaca en su producción: en colaboración con Bioy Casares “Los que aman, odian” (1946), “Poemas de amor desesperado” (1949), “Pequeña antología” (1954), “La furia” (1959) y “Las invitadas” (1961).
También, “El caballo alado” (1976), “La naranja maravillosa” (1977), “Encuentros con Silvina Ocampo, diálogos con Noemí Ulla” (1982), “Breve Santoral” (1985), “Y así sucesivamente” (1987), “Cornelia frente al espejo” (1988) y “Las reglas del secreto” (1991).
Obtuvo el Premio Municipal de poesía en 1954 por “Espacios métricos”, los nacionales de Poesía 1953 y 1962 por “Los nombres” y “Lo amargo por dulce”, en cada caso, y el del Club de los 13 por “Cornelia frente al espejo”, en 1988.
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