Al borde del abismo situación humanitaria en Gaza

09 de Enero, 2009 - 04:13 —

Jerusalén, 9 Ene (Notimex).- La situación humanitaria de la población palestina en Gaza llegó al borde del abismo con el anuncio de la UNRWA de suspender sus actividades para alimentar a los civiles, tras la muerte de uno de sus conductores en un ataque israelí.

El 70 por ciento de los 1.7 millones de habitantes de Gaza subsiste desde hace años gracias a la ayuda de la agencia de la ONU para los refugiados, y la suspensión de la distribución de alimentos representa el hambre para todos ellos.

El anuncio lo hizo el portavoz de esa organización, Christopher Gunness, tras la muerte la víspera de un conductor de un camión con alimentos, cuando en teoría Israel debía estar respetando la tregua humanitaria que acordó con Hamás y que debe durar tres horas al día.

El vehículo estaba marcado con la señal de las Naciones Unidas y la bandera, cuando fue alcanzado por un tanque en el norte de Gaza.

"No las reanudaremos hasta que Israel nos garantice que estamos fuera de la línea de fuego", dijo Gunness.

Días antes unas 45 personas murieron en dos bombardeos de tanques israelíes contra dos escuelas de la misma organización, UNRWA, que servían de refugio a la población durante la Operación Plomo Fundido.

La consecuencia más directa de la decisión es que a partir de hoy la agencia humanitaria no introducirá alimentos en Gaza ni repartirá sus habituales vituallas a la población, dos tercios de la cual vive en el desempleo desde hace años.

"A los que tenemos el dinero nos es difícil comprar alimentos porque cada día suben y suben los precios debido a la escasez, imagínate a los que no lo tienen", dijo a Notimex en conversación telefónica desde Gaza un periodista que pidió no revelar su identidad por motivos de seguridad.

Gaza es una de las zonas del planeta más densamente pobladas, y la posibilidad de subsistir por sí sola es prácticamente inalcanzable.

Hasta la Intifada de Al-Aksa, en 2000, una parte de su población trabajaba en Israel en sectores como la construcción y la restauración, pero desde entonces se ve aislada del resto del planeta.

En 2006, cuando Hamás secuestró al soldado israelí Gilad Shalit, aún salían algunos privilegiados, pero eso es imposible desde entonces.

El bloqueo israelí a la franja empeoró un año después con la revuelta del movimiento islámico contra el presidente palestino, quedando sumida la población en la total pobreza, sin alimentos, sin medicamentos y sin libertad de movimiento.

"Esto es una cárcel en la que Israel decide todos los días qué nos da de comer, si es que nos deja comer; cuántas horas de electricidad tendremos y si podremos mover el coche, si es que nos deja introducir gasolina", indicó el periodista palestino al referirse a la entrada de ayuda humanitaria, que Israel permite con cuentagotas.

Sin agua, electricidad, medicamentos, ni comida, la UNRWA era el único punto de luz en una situación catastrófica que Israel deberá afrontar en el marco de sus operaciones militares.

Anoche, la televisión israelí mostró a una familia de Gaza encerrada en un edificio con un grupo de soldados a los que pedían agua, pan y leche para sus hijos, porque llevaban sin comer cinco días, imágenes que despertaron las primeras críticas de la opinión pública.

"La población de Gaza no ha salido de sus casas en los últimos trece días, y todos esperan que la operación termine en cuestión de días, pero me temo que la población no puede continuar esta guerra ni siquiera otras 48 horas", afirmó Shlomi Eldad, corresponsal israelí para asuntos palestinos.

El último informe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios (OCHA), publicado hace unas horas, describe una situación terrorífica en todos los aspectos.

"La operación militar israelí ha causado extensos daños a casas, instituciones civiles e infraestructuras", escriben los observadores de la OCHA. "Toda la franja de Gaza está a punto de colapsar (.) la mayoría de la gente no tiene electricidad, ni agua potable".

Sobre el reparto de comida, advierte que a pesar de la entrada de camiones con ayuda, las distintas organizaciones tienes grandes dificultades para distribuirla por la situación de guerra en la zona.

"El aprovisionamiento en las casas es bajo, la gente tiene miedo de salir a buscar comida y cuando ya la tiene no dispone de gas para cocinarla", sigue el documento.

A todo ello hay que sumarle la crítica situación en los hospitales, que se ven sobrepasados en su capacidad de atención a pacientes por el gran número de víctimas que está causando la operación israelí Plomo Fundido, más de 700 muertos y tres mil heridos.

Otro grave problema del que advierte la OCHA es el de los desplazados, decenas de miles de personas que han abandonado sus casas y que merodean por la pequeña franja, de sólo 350 kilómetros cuadrados de superficie, huyendo de los bombardeos.

Frente a esta situación, y la negativa de Israel de parar sus ataques, los organismos mundiales piden a la comunidad internacional un acción enérgica para evitar una catástrofe humanitaria sin precedentes que, según los expertos, está a la vuelta de la esquina.

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