.Mérida, 8 Mar (Notimex).- Los esfuerzos de las autoridades mexicanas, organizaciones civiles y países de Centroamérica y El Caribe han empezado a reportar resultados positivos en la lucha por salvar al manatí y preservar la existencia a ese legendario mamífero marino.Cuando los primeros españoles tocaron las costas mayas, a finales del siglo XV, aseguraron haber encontrado a las míticas sirenas, porque vieron animales de cuerpo femenino con peculiar manera de amamantar a sus crías.Se trataba del Manatí del Caribe (Trichechus manatus) o manatí antillano, un mamífero marino que ha evolucionado durante cientos de millones de años y que hizo que se enraizara esa creencia en todo el nuevo mundo.Este inofensivo herbívoro se distribuye hasta nuestros días en las costas, en desembocaduras de ríos, canales, bahías, lagunas costeras y cenotes comunicados con el mar, desde la Florida , en Estados Unidos, hasta el cálido norte de Brasil.En México habita en las costas de Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.Es un animal de cuerpo alargado y robusto, de unos tres metros de longitud, con un peso de hasta 500 kilogramos; puede vivir 60 años y concibe una sola cría cada tres años, que da a luz tras un año de gestación.Es de movimientos lentos y se impulsa con la cola y aletas anteriores, mientras se alimenta de plantas acuáticas como pastos y algas del fondo marino, aunque también come hierbas flotantes.Pese a ser una animal apacible, se considera en peligro de extinción en toda su área de distribución; los biólogos del Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y la Universidad de Quintana Roo, atribuyen su disminución a factores como la cacería, las redes de pescadores, las propelas de lanchas, la acelerada contaminación y la transformación de sus hábitats.Lo cierto es que estos animales -cuyas hembras amamantan, abrazan y protegen a sus crías de la misma forma como una mujer lo hace con su niño, y que durante siglos alimentaron la imaginación de los navegantes- estuvieron a punto de desaparecer del planeta exterminados por el afán depredador del hombre.Su carne, sabrosa y abundante; su piel utilizada en la fabricación de látigos, bastones y suelas de zapatos, y sus huesos, especialmente sus costillas, tallados para artículos ornamentales y de joyería, fueron la principal causa de su depredación desmedida.Ante ello, varios países, México entre ellos, decidieron emprender acciones directas para tratar de salvar de la extinción a esta especie y afortunadamente tras más de 13 año de esfuerzos, los trabajos empiezan a revertir el negro panorama del manatí.El 24 de octubre de 1996 se emitió el decreto que dio vida en la bahía de Chetumal, Quintana Roo, al Santuario del Manatí, sitio que ocupa una superficie de 281 mil 320 hectáreas, con 101 mil 320 terrestres y 180 mil en la zona marina, superficie que equivale al 15 por ciento del total del estado.Esta zona sujeta a conservación ecológica es considerada de alta prioridad y es una de las más importantes de las seis que tiene el estado, tanto en extensión como por las especies que ahí protege.La porción más importante son las aguas someras de la Bahía de Chetumal, con profundidades variables de una a cinco metros, donde abundan cuerpos de agua que se interconectan entre sí y forman un sistema hidrológico importante en el intercambio de nutrientes.Por tal motivo, investigadores nacionales realizan constantes monitoreos e investigación científica, cuyos resultados estiman en alrededor de 180 individuos la población de este gigante de nuestros mares, misma que se ha mantenido estable en los últimos años.De igual forma, estas acciones de conservación forman parte de la agenda del Sistema Arrecifal Mesoamericano que lo integran Guatemala, Honduras, Belice y México.El director del Medio Ambiente de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de Quintana Roo, Héctor Lizarraga Cubedo, confirmó en entrevista telefónica que los esfuerzos que se han emprendido para salvar al manatí han empezado a rendir importantes frutos.Aunque aclaró que no es posible definir con exactitud la población de la especie que hoy está en aguas nacionales por su constante migración de la especie (es capaz de moverse más de 100 kilómetros en un día), sí se ha corroborado una tendencia a mantenerse."Podemos decir que ese círculo vicioso que ponía en riesgo la existencia de la especie en esta región se ha detenido y se ha dado paso a una situación más favorable para la preservación, conservación y en el mediano plazo se podría empezar a hablar de una recuperación", expuso.Dijo que eso se ha logrado con un gran esfuerzo de autoridades, investigadores, organizaciones y de muchas poblaciones que hasta hoy interactúan o desarrollan sus actividades en las zonas que son usadas como hábitat por los sirénidos.En ese sentido, destacó el programa en "Lagunas Guerrero", ubicadas a unos 20 kilómetros al norte de Chetumal; "allá tenemos varios programas para concientizar a la población en la necesidad de cuidar a esos mamíferos acuáticos".También, el gobierno de Quintana Roo firmó el año pasado un acuerdo de colaboración con la alcaldía de Colosal, Belice, que ha desarrollado programas para monitorear la población en la zona y en donde se estima la presencia promedio de unos dos mil individuos.La idea, explicó el entrevista, es intercambiar experiencias e información sobre el paso migratorio de la especie por la zona marina que une a Belice con Quintana Roo y apoyar el monitoreo y raestreo que se hace de ejemplares a los que se les han colocado dispositivos.Otras agrupaciones como Pronatura Península de Yucatán también ha impulsado la creación de refugios y santuarios con fines recreacionales y de investigación, para conocer mejor la especie y contribuir a la recuperación de las poblaciones de manatíes que aún existen en México.Sin embargo, quienes han vivido de cerca los esfuerzos por preservar a la especie, como el caso de Lizarraga Cubero, consideran que el mejor remedio es que el hombre adquiera conciencia de la importancia de proteger no sólo esta especie sino todas las que pueblan el mundo.Además de no olvidar pues que todos los animales tienen el mismo derecho de vivir que aquél que reclama el hombre para sí mismo.NTMX/TAM/RMM/AJV/ESPECIALES09