"¡A dólar el rosario, a dólar el rosario!", grita una niña de apenas 8 años en la entrada de esta localidad, situada a 115 kilómetros de la capital, y donde miles de creyentes acuden anualmente a venerar la imagen del Cristo Negro de Portobelo y agradecer los favores ya concedidos.
Hay quienes van a pedirle salud, bienestar en el país, sabiduría e incluso trabajo; una casa, un automóvil o dinero, ya que es un Cristo que ha hecho "milagros en el mundo entero", aseguró en declaraciones a Efe la propietaria de una tienda donde se venden velas, rosarios, postales y hasta camisetas del Nazareno.
El "Cristo de los maleantes" despierta también devoción incluso entre delincuentes del país, que acuden a sus pies a pedir perdón o a dar gracias por no haber sido detenidos por la Policía.
"Cristo, en su época, iba a buscar a los pastores, pescadores y ahora sería a los maleantes, que en la realidad panameña son personas que la gente quiere mantener a buena distancia", aseguró el párroco de la Iglesia de San Felipe, Carlos Rodríguez.
"Es bonito religiosamente que el Nazareno no quiera cerrar las puertas a nadie, él sigue halando a la gente que se siente rota por dentro", agregó.
Un fuerte olor a incienso, a asfalto y a sudor contrasta con las aguas tranquilas de la bahía de Portobelo, bautizado así por Cristóbal Colón en 1502, y que está flanqueado por tres fuertes de la época colonial que protegían el oro y la plata que la Corona española embarcaba para ultramar.
Nemecio, vestido con un hábito púrpura y brillante como el del Cristo para presentarse ante él "bien bonito", tiene 52 años de edad y hace 37 que camina más de 12 horas para llegar hasta el Cristo Negro.
"He tenido muchos problemas, estoy fracturado de la mandíbula y todo se me ha mejorado. Tengo una hija que a los 15 años tuvo un accidente y ya la 'pelada' (niña) es becada y está en la universidad, por la gloria de mi padre y del Cristo Nazareno", explicó santiguándose el peregrino.
La leyenda cuenta que la imagen del Nazareno llegó a mediados del siglo XVII en un barco con destino a Perú o Cartagena de Indias (Colombia) y tuvo que desembarcar en Portobelo por el mal tiempo, y que cada vez que intentaba zarpar una tormenta lo impedía.
Arrodillados, a cuatro patas, arrastrándose y revolcándose por el ardiente asfalto, un grupo de jóvenes atraviesa la calle principal de Portobelo mientras sus familiares y amigos les queman la espalda desnuda con la cera de una vela morada.
Unos metros más adelante, otros penitentes gritan con cara de sufrimiento para darse fuerza y valor entre ellos. "¡No hay dolor!", "¿Quién vive? ¡El Naza!", dicen.
Ya en la iglesia de San Felipe de Portobelo, donde se erige la estatua del Cristo Negro, un chico de 21 años comenta, tumbado en el suelo muerto de cansancio, que ha venido arrastrándose la última milla de la caminata hasta el Santo para que mejore la salud de su hija de 3 años, que tiene un "problema en la sangre".
Y bajo todo este aluvión de deseos depositados dentro de una vela, en las calles de Portobelo suena, a ritmo de salsa, "El Nazareno" del músico puertorriqueño Ismael Rivera (1931-1987).
"Es El Nazareno, y que te da consejos buenos, haz bien, no mires a quién, dale la mano al caído y, si acaso bien malo ha sido, dale la mano también", tarareaban los penitentes.
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