GUATEMALA (AP)

--- Tres militares enfrentarán un juicio como acusados de uno de los más

sangrientos episodios del conflicto armado interno, en el que un

comando militar aniquiló hace 28 años de hasta 178 civiles

guatemaltecos, muchos de ellos niños.

La jueza Carol Patricia

Flores estimó el miércoles que "existen suficientes elementos de

pruebas para que ellos enfrenten juicio" ante las acusaciones de la

fiscalía que responsabiliza a los procesados de la denominada masacre

de Las Dos Erres.

La fecha del juicio será determinada por el

Tribunal de Alto Impacto, que realizará el debate oral contra los

procesados cuando lo pueda incorporar en su calendario de actividades.

El órgano colegiado realizará el lunes una audiencia para recibir las

pruebas de la parte acusadora y la defensa.

Según la Fiscalía,

los acusados eran parte del grupo de por lo menos 17 "kaibiles",

militares especializados en lucha antiguerrillera, que cercaron la

comunidad de Las Dos Erres en el municipio de La Libertad, en el

departamento de Petén a 440 kilómetros al norte de la capital

guatemalteca, entre el 6 y 8 de diciembre de 1982. Allí mataron a todos

los habitantes presentes en la comunidad.

Los imputados Manuel

Pop Sun, Reyes Collin Cualip y Carlos Antonio Carías López se han

declarado inocentes de la acusación y ninguno ostentaba un rango de

mando en las filas castrenses.

Otros cuatro sospechosos se

encuentran detenidos en Estados Unidos, debido a que mintieron en su

solicitud de ciudadanía estadounidense al haber negado su participación

en la masacre. Uno de ellos narró cómo asesinaron a los bebés.

Guatemala solicitó la extradición de todos los detenidos.

La

matanza es uno de los casos descritos en el informe de una Comisión de

Esclarecimiento Histórico (CEH) instaurada por las Naciones Unidas

después que el gobierno y las guerrillas firmaron en 1996 un tratado de

paz que puso fin a 36 años de conflicto armado interno.

El

informe "Guatemala: Memoria del Silencio" relata, con base a la

descripción de sobrevivientes o de testigos anónimos, que "todos los

menores fueron ejecutados con golpes de almádana en la cabeza, mientras

a los más pequeños los estrellaban contra los muros o los árboles,

sujetándoles de los pies; luego eran arrojados al pozo".

Después

de liquidar a todos los niños, la patrulla militar ejecutó uno por uno

a los adultos, también asestándoles golpes con la almádana en la cabeza

y lanzándolos al pozo. "A las mujeres embarazadas les provocaron

abortos como consecuencia de los golpes recibidos", detalla el informe.

Al

terminar el exterminio, los militares incendiaron las casas, maquinaria

agrícola y prácticamente desaparecieron físicamente a la comunidad,

según la CEH.

La exhumación de los restos de las víctimas de la

matanza reveló que fueron asesinados por lo menos 67 niños menores de

12 años y otras 24 víctimas fueron mujeres. La comisión de la ONU pudo

individualizar a un total de 178 víctimas y los antropólogos forenses

que desenterraron la fosa común dijeron que habían restos de por lo

menos 162 individuos, aunque aclararon que "pudo haber habido un número

mayor de muertos".

También se registró la violación de varias

niñas, según la CEH, que atribuyó a los militares más del 80% de las

violaciones a los derechos humanos cometidas durante la guerra interna.

A

lo largo de los 36 años de conflicto se cometieron numerosas masacres,

principalmente de comunidades indígenas, y se registran por lo menos

200.000 muertos y desaparecidos.