Periodistas a grito pelado

Consideré la del 30 de julio de 2020, como la peor conferencia matutina presidencial de López Obrador hasta ese momento. El desorden entre los reporteros y la permisividad por parte del presidente impidieron ese día la esencia del acto, la comunicación entre el encargado del poder ejecutivo y la sociedad mediante la intermediación de los periodistas.

Todo había empezado con “la intervención a grito pelado de una reportera de aparente ánimo troglodita” (escribí entonces, sí, sobre la troglodita Reyna Hernández), no era la primera ni la segunda vez, pues ese “espíritu” está integrado a la persona, a la “personalidad” o a su entendimiento del sentido periodístico cada vez que interviene.

A la estrategia del murmullo a dientes apretados y el grito pelado de Hernández, ha ido agregándose la animadversión y “mala leche” de ciertos reporteros, destacadamente la de Dalila Escobar, entre otros pocos. Y no es que sus preguntas causen incomodidad (excepto cuando son reiteradas y ya han sido respondidas en días anteriores o corresponden al ámbito de la salud, que debieran plantearse durante las conferencias vespertinas que atienden el tema), son las maneras y el abuso del uso del micrófono.

Falta de respeto en conferencia de AMLO

Si el 30-07-20 había sido la peor conferencia matutina en cuanto a sus propósitos de comunicación, pues el escándalo la convirtió en un desorden en el que interactuaron reporteros y el presidente sin que lo hablado pasara al oído del escucha virtual (a quien está en realidad dirigida la conferencia básicamente, si no, para qué transmiten), la semana del 19 al 23 de abril de 2021 ha evidenciado el mal de esas conferencias: Falta de respeto de periodistas abusivos a sus compañeros, falta de consideración del presidente a los periodistas tratados de manera inequitativa en cuanto a regularidad de participación y tiempo ante el micrófono, y como consecuencia, molestia del público espectador.

Y las protagonistas de la semana en cuestión fueron precisamente Hernández y Escobar, y dos reporteros que han mostrado abierta simpatía por el presidente, Carlos Pozos, “Lord Molécula”, y Héctor Tlatempa. Las primeras abusando del uso del micrófono hasta la necedad y la náusea, convirtiendo la conferencia en una entrevista personal con el presidente (con preguntas bastante sosas con frecuencia), los segundos reclamando ese abuso; en particular, de Escobar el día 19-04-21.

Abuso de tiempo en conferencia mañanera

Semejante arbitrariedad ante el micrófono de Escobar y Hernández se ha dado también en reporteros como Pineda, Olvera, Marmolejo, Ledezma, entre otros. Pero la semana de referencia derivó en conflicto. Tlatempa y Pozos reclamaron a Escobar y dejaron saber su molestia a López Obrador por el abuso del tiempo y la frecuencia de las participaciones. Ante ello, la reportera no sólo los desdeñó y se burló de ellos, sino que hizo caso omiso y en una segunda intervención en la misma semana, repitió la dosis: abuso y desprecio. Acto similar ejerció Hernández al reclamar a gritos el uso de la palabra un día y al hacer uso excedido de ella al siguiente.

Muchos simpatizantes del presidente reclaman en las redes sociales la actitud agresiva de estas mujeres, el desdén y falta de respeto a la labor y el tiempo de sus compañeros. Pero estos simpatizantes no quieren darse cuenta de que el presidente es corresponsable de esa situación: él permite el abuso y esto es una desconsideración de su parte al resto del grupo de reporteros; si a un abusador no se le detiene, continúa el abuso, así de simple.

El presidente permite el abuso de las abusivas y abusivos ya sea por considerar que se trata de una actitud democrática o porque le agrada o le conviene contestar más a reporteros provocadores y/o malintencionados que a los que abiertamente lo apoyan. Como quiera que sea, es una desconsideración de su parte.

Me pareció oportuno el reclamo de Pozos y Tlatempa. Cualquiera que tenga algo de temperamento y vigor levantaría la voz contra esas personas, porque se debe de partir de principios de igualdad establecidos en un protocolo riguroso; ignoro por qué el resto de reporteros no reclama y demanda al presidente y al vocero Jesús Ramírez Cuevas un mejor trato.

En el texto sobre la peor conferencia, “La peor conferencia matutina presidencial hasta el momento: 30-07-20”, propuse cuatro puntos aún válidos para mejorar la situación y limar el abuso de gente como los ya mencionados: 

1. Encontrar un método no discrecional para asignar el turno y la periodicidad de los reporteros; que el presidente acepte un juego democrático también en este punto. 

2. En cuanto la pandemia lo haga posible, aumentar, variar, el número de reporteros y de temas; el de arte y cultura, por ejemplo, está del todo ausente. 

3. Limitar a dos preguntas por intervención; el abuso reporteril ha llegado a tal grado que el primer cuestionamiento se convierte en tres o cuatro preguntas y el segundo en otras tres, ¡he llegado a contar hasta nueve! 

4. No permitir el grito, la interjección, el intercambio sin micrófono, porque de esta manera se pierde la esencia de la comunicación que es con la sociedad, el país, no sólo con el salón del Palacio ni la persona del periodista.

Naturalmente, lo esencial son los temas, pero las formas y las maneras de las preguntas y respuestas de la conferencia matutina presidencial también cuentan; sobre todo, porque ese evento es hoy el mayor acto de información política y social en el país. 

Es deseable que el presidente López Obrador y el vocero Ramírez Cuevas lo tomen en cuenta. Si no es así, lo visto hasta ahora volverá a repetirse hasta el hartazgo y podría escalar en un conflicto entre reporteros más allá de la conferencia; como ya ha ocurrido en varias ocasiones desde el inicio de ese importante ejercicio de comunicación en diciembre de 2018.