Lloviznaba, le ofrecí mi suéter el cual aceptó, pero de poco sirvió, la falda no ayudaba mucho. Decidimos caminar antes de pedir taxi. No podíamos faltar al ritual. La lluvia había espantado a la gente, solo uno que otro extraviado que corría para que su cuerpo no fuera víctima del clima.

No hablamos y el agua ya nos había envuelto, pero no había señal de ninguno de los dos para desertar.

Los pasos lentos… hasta que su voz rompió el silencio.

- Tengo frío.

- ¿Quieres que nos vayamos?

Una mirada retadora recorrió mi cuerpo, no detuvo su paso. Fue hasta entonces que agarre el mensaje. Con mucho cuidado, pero con mayor temor la envolví con mi brazo, de forma casi inmediata se agazapó en mi pecho. Mi pulso aumentó, los latidos del corazón eran incontrolables, con el silencio existente temí que fuera demasiado obvia mi emoción incontrolable. Conforme nos adentramos por las calles éstas, de por sí solas, se quedaban aún más.

No hay palabras, ¿para qué? Hasta el viento se quedó callado. El único sonido era el de nuestros pies ahogándose en los muchos charcos que se encontraban en esa calle. La emoción me inmovilizó, me encontraba verdaderamente atarantado. Por lo que paré en una de esas esquinas sombrías, junto a una enorme palmera en forma de paraguas, que por supuesto no cumplía en lo más mínimo con esa función.

Mi brazo se negaba abandonar el contraste de la humedad en su pelo y el calor que surgía de su espalda, pero sin remedio y con actitud de niño que se queda sin su dulce, regresaba a mí.

- ¿Te parece si tomamos de una vez el taxi? Hace frío, además es un poco tarde. Asintió cerrando los ojos. No quería irme, pero la extraña sensación de sentirme un completo idiota por no saber qué hacer ni qué decir me provocaba incomodidad. Subió un pequeño escalón que estaba ahí, quedando justo frente a mí. Y yo, igual de lento, no atiné más que a tomarla de la mano para que no resbalara.

El momento se hacía eterno… ni por error se asomaba un taxi, solo de cuando en cuando cruzamos miradas y extendíamos una leve sonrisa. Pero como suele pasar, de la nada surgió el instante que vive perpetuado en mi memoria, como si de él dependiera mi existencia.

De esa oscuridad, la luz intensa de un vehículo se depósito en nuestro ojos, que para entonces habituados a la penumbra buscaron refugio en otra dirección, solo fue una breve fracción, como acto reflejo, nuestros rostros regresaron al lugar donde partieron, pero esta vez con una rara cercanía, mi nariz quedo junto a la suya, mi respiración se aceleraba, podía oler mis ganas por de ella; mis dedos se contraían por la desesperación, por el deseo que tenían de ella, la saliva mojaba mis labios de por si húmedos, me acerqué titubeante, mis manos que para entonces estaban hechas un nudo recorrían sus brazos, de a poco la distancia que no era mucha, se hacía menos, la respiración aumentaba al igual que nuestra temperatura. El frío y la lluvia eran recuerdos estando aún presentes. Mis dedos ya estaban en su frente que la tocaban como si fuera el cristal más frágil, luego sus ojos, su boca, su pelo, nuestros ojos se cerraban, suspiros…. Nuestros labios, por fin se conocían, era como ese encuentro que siempre se espera, de la ausencia que se va, dejando con ella la satisfacción de dejar en su lugar el sabor de la alegría, las ganas mutuas, el fruto del deseo.

“Mi boca guarda para ti el mejor de los besos que jamás ha dado, el beso que le dirá a tus labios que lo mejor, está por comenzar.”

Pudo haberse inundado la ciudad en esos momentos, y nosotros con ella, pero nuestros labios no hubieran hecho otra cosa más que seguir como estaban… conociéndose de a poco.

Nuestras carnes temblaban, sé que no era por el frío, tal vez y solo como posibilidad, fue por que en nuestros adentros se mezclaban las emociones, los sentimientos, surgía el amor. Tal vez, solo tal vez.

Lentamente nuestros labios se alejaban, no mucho, solo lo necesario, el tiempo justo que permite el deleite del sabor mutuo.

Como siempre pasa, el encanto acababa, el reloj inclemente nos recordaba que la gloria se alcanza solo por algunos instantes, que esos momentos que pretenden ser eternos lo son para la inconsciencia del corazón que se encarga de irrigarlos para que el recuerdo solo duela de a poco.

- Ya es tarde- decía sin apartar tus labios de los míos, le dije que olvidara por un momento el llegar a la hora a su casa, pero sus ojos fueron más que elocuentes. En esos instantes no tenía conciencia de que existe una edad en que nuestra libertad termina donde la voluntad de los padres comienza. Sin más tomamos el primer taxi disponible.

“Maldito seas reloj que me haces esto, espere la eternidad y tu cruel nada haces por detenerte. Te acuso de envidia y egoísmo pareciera que el único encuentro que permite es el que se da cada hora entre tus manecillas”.

El silencio seguía reinando, tomé su mano fría y la coloqué en mi pierna, la froté para darle calor. El taxi se trasladaba de manera lenta, la lluvia no le permitía hacerlo de otra forma, lo que aumentaba su desesperación.

Pasada la media hora por fin llegamos, las luces estaban encendidas, por lo que era claro que la esperaban, baje de forma rápida, abrí su puerta y le pedí al taxista que guardara un minuto, no tardaba.

El nerviosismo la invadía, era mas que evidente, por lo que te pregunté si quería que hablara con sus padres papás; para no variar, me miraba con esos ojos pequeños que se hacían más cuando de ellos surgía la respuesta.

- No creo que sea oportuno en este momento, es mejor que entre a casa, mis papás deben estar molestos, así que buenas noches.

Un discreto beso se convertía en la llave de acceso.

Regrese al taxi. Apunto de abordarlo recordé que en el bolso del pantalón guardaba la pequeña guitarra que compré por la mañana. La puse en mi mano; le dije al taxista que no se fuera, levanté el tono de voz para que no cerrara la puerta.

…Cada minuto en ti es como volver a nacer y sentir que estoy vivo, porque tú me haces vivir…

…Un instante en tu mirada es recrear mi alma viendo tu inocencia, tu sinceridad…

…Eres el anhelo que en mis sueños siempre está, el deseo del amor de verdad…

…Eres el nudo en mi garganta, la perpetuidad de mi presente…

…Eres lo cotidiano vuelto novedad,  el chocolate que cubre mi helado, el botón de mi camisa…

                …La ternura que me arranca los suspiros.

… Lo más hermoso de este mundo, eso eres.”