¡Qué fuerte! Después de mucho tiempo la fabricante de aviones estadounidense Boeing hará lo impensable: pedir perdón de manera pública por todas y cada una de sus pifias.
El encargado de tal encomienda Robert “Kelly” Ortberg, fue citado el día de ayer para comparecer ante una comisión del Senado estadounidense, en donde tendrá que admitir los fallos que en los últimos años ha tenido Boeing, pues es imprescindible recobrar la confianza de los consumidores.
Se tiene previsto que la audiencia se lleve a cabo ante el Comité de Comercio y Transporte. Sin embargo, Boeing ya hizo públicos los textos de disculpa el día de antier en la noche, y que la agencia Reuters dio a conocer; en ellos Kelly Ortberg manifiesta:
“Boeing ha cometido graves errores en los últimos años, y eso es inaceptable. En respuesta, hemos hecho cambios radicales en las personas, los procesos y la estructura general de nuestra empresa”, dirá Ortberg al Comité de Comercio del Senado… Nadie está más comprometido con transformar nuestra empresa que nuestro equipo".
Aquí lo verdaderamente grave es que existe una gran posibilidad de que todo quede en una disculpa “de dientes para afuera”, sin realmente cambiar el cómo han venido trabajando en los últimos años, sin olvidar que fue gracias a ese esquema que en 1996 logró fusionarse con McDonnell Douglas, antes de que terminara cayendo en un pozo oscuro.
Eso es lo que realmente ha afectado a Boeing, a raíz de la llegada de la gente de McDonnell Douglas, otra fabricante de aviones estadounidense, su forma de trabajar, que fue el potenciar las ganancias por encima de la seguridad aérea, es lo que ha permitido en los años más recientes, que Boeing haya perdido el lustre que tuvo durante muchísimas décadas.
Boeing, antes de entrar a esta espiral hacia los infiernos de Dante, era la joya de la corona norteamericana, la mar de orgullosos que estaban con su fabricante de aviones, al grado de tener una frase icónica “If it´s no Boeing, I´am not going” que podría traducirse en “si no es en Boeing, no voy”.
Esa confianza ciega que se tenía con la armadora ha quedado muy, pero muy atrás. Ahora en lugar de confianza lo que acumula son pérdidas, nada más en 2024 fueron alrededor de 11 mil 800 millones de dólares. Estas pérdidas económicas se dieron en medio de una huelga de trabajadores que duró más de un mes y de los problemas de control de calidad que no podían garantizar la seguridad aérea necesaria para la operación de sus aeronaves.
Por supuesto, entre toda esta polémica no puede faltar que la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos de Norteamérica (FAA, por sus siglas en inglés) ponga el dedo en la llaga que ahora está supurando.
Pues todo lo de las disculpas y el “mea culpa” está muy bonito, pero hay temas que siguen pendientes y Boeing no los ha resuelto; por ejemplo el trabajo que tiene que hacer la fabricante para tomar medidas -que por cierto ya ha señalado cuáles son- para impedir el sobrecalentamiento en los motores de los aviones modelo B757, que vuelan con motores Rolls-Royce, esto derivado de un desgaste de los sistemas de preenfriamiento, así como de los interruptores térmicos.
Por tal motivo la FAA emitió un boletín en el que exige que las líneas aéreas que operen con ese modelo de avión, reemplacen los preenfriadores. Diariamente surcan los aires más de 500 aviones de ese modelo, el B757, así que es importante que tomen las medidas preventivas y necesarias, porque ya vimos que pasa cuando ignoran las señales de alerta.
Algo que sin duda le va a costar un montón a Boeing es el cambiarse el chip de “primero las ganancias, luego la seguridad”, con un Musk que está metiendo la mano dentro. Sabemos que las prisas no nos llevan ningún puerto seguro, finalmente Boeing está pagando las consecuencias de haber acelerado sus procesos de fabricación.
De abaratar la mano de obra, pagándoles a ingenieros de la India quienes no tenían en físico el avión, para diseñar un software, y lo hicieron por el costo, les salía mucho más barata la hora de trabajo de estos ingenieros indios, que no dudo de su capacidad, pero trabajando a ciegas hasta el mejor de los ingenieros hubiese tenido fallas.
En aviación todo debe probarse, y hasta que todos los controles de mando son confiables, y la operación impecable, pues cumple con todos los requisitos de seguridad, se da el visto bueno. No se puede echar un equipo a volar, al “ahí se va”.
Por eso resulta llamativo, que después de tantos años, pero sobre todo de no poder enderezar el barco, ahora que estamos bajo la era Trump, a Boeing le urge “sí o sí” salir del atolladero en el que está, no vaya siendo que lo terminen desplazando otros fabricantes, y lo peor para los estadounidenses, que sean de otras latitudes del globo terráqueo.