Tres campañas me han llamado la atención en el arranque de promoción abogadil para ocupar un espacio en el Poder Judicial. Primero, el de “Dora la Transformadora”. Su concepto lleno de expedientes y hojas que se desvanecen al estilo del documental de “Presunto culpable” tiene algo de valor cinematográfico. El segundo, invariablemente el arranque de las tres ministras con pase directo: Lenia Batres, Loretta Ortiz y Yasmín Esquivel.
Llama la atención las rupturas internas al movimiento de la Cuarta Transformación que emergen en el marco de duros señalamientos por parte de ideólogas importantes. Me refiero a Vanessa Romero Rocha, quien fue contundente en su columna publicada en el periódico Reforma. En “La verdad”, hace francos señalamientos sobre el plagio de tesis de la ministra Yasmín Esquivel, reconociendo de entrada, que no debió ser ministra de la Corte. El historial de uso y abuso de las instituciones realizado, desde la Fiscalía de la Ciudad de México atravesando las influencias en el Poder Judicial y el intento por intervenir en la autonomía de la UNAM para detener una reforma a los estatutos, en la que se estableció la facultad de la Universidad para anular títulos de exalumnos que cometieron plagio o faltas a la integridad y honestidad académica, demuestra que la ministra candidata es capaz de todo con tal de conseguir sus objetivos, aunque dentro de aquel -todo- se incluya lo ilegal y lo inmoral. La columna es una declaración de congruencia y honestidad pensando en que Romero Rocha fue parte del Comité de Evaluación del Poder Ejecutivo.
Hace un par de semanas, a las y los columnistas de SDPnoticias se nos hizo algunas preguntas sobre quien creíamos qué debiese presidir la Corte y quien pensamos que lo lograría. Entre las respuestas, comenzó a circular un rumor sosteniendo que la presidenta Claudia Sheinbaum prefería a la ministra Esquivel como presidenta de la Corte, supuestamente, por su moderación.
Aunque francamente varios dudamos y no coincidimos del todo con aquella versión, a nadie le cabe duda el respaldo empresarial de la ministra. El despliegue de notas, eventos y viajes, mucho antes de que iniciaren oficialmente las campañas este domingo, ha dejado claro que es la candidata con mayor presupuesto. Su arranque oficial estuvo acompañado del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) mencionando a la corrupción “como el peor enemigo de la justicia”. Vaya paradoja.
Las multitudes coreaban “presidenta” y es claro que su objetivo es ser la más votada.
Entre esas rupturas que no se veían venir, la ministra Loretta Ortiz ha sido severa en señalar la irresponsabilidad de la ministra Lenia Batres al ausentarse de las sesiones de la Corte para hacer proselitismo y cometer varias faltas de respeto como hablar por teléfono o estar distraída durante las votaciones.
Aunque su aspiración parece ser un poco más moderada, no parece estar dispuesta a guardar silencio sobre las incongruencias en el discurso de ‘La ministra del pueblo‘, pues mientras la ministra señala que el Poder Judicial es lento en resolver y que la justicia que no es expedita, no es justicia, a la par deja abandonados más de 8 mil asuntos pendientes entre los que se rezagan los que ella debía resolver más aquellos en los que su ausencia en sesiones impide realizar la votación.



Así como la ponencia de la ministra Batres, en la que se sigue trabajando porque su titular no pidió licencia para hacer campaña, cientos de juzgadores comenzaron esta semana fuera del escritorio. Dividiendo su tiempo entre firmar asuntos para sacar el turno y convencer para quedarse la chamba. El hecho es que la contienda se aprecia profundamente marcada por los desencuentros entre las propias militancias de Morena. Mientras que los fundadores y puros respaldan a Lenia Batres, los sectores corporativistas que operan mediante disciplina sindical ya se organizan con otros liderazgos, sin que las negociaciones de su voto sean transparentes. Se trata de una elección en la que no hay claridad sobre lo que los ministros pueden ofrecer o prometer. No es como una campaña presidencial o de gubernaturas en las que típicamente se negocian plazas o prestaciones, estabilidad laboral o hasta contratos.
Pero el choque no solo es por las ministras y por quien presidirá la nueva Corte.
El tercer arranque llamativo es el que abre un debate intenso sobre los perfiles que arropa la 4T, como el candidato puntero de algunas encuestas, César Mario Gutiérrez Priego, hijo del General Jesús Gutiérrez Rebollo. Varios YouTubers de la mañanera lo apoyan abiertamente en tanto que periodistas estudiosos de la Guerra Sucia y los abusos de las fuerzas armadas, lo han señalado por su cercanía con personajes militares, de quienes ha sido defensor. El hecho es que su polémico arranque estuvo marcado por un hackeo de su cuenta de X, antes Twitter, mientras que inició sus recorridos acusando a Ernesto Zedillo de ordenar el arresto de su padre, desmintiendo todo tipo de acusaciones por las que también se le descalifica. Vale la pena decir que de las encuestas que se han realizado, probablemente de forma digital, el más votado es Gutiérrez Priego, o sea que existe la posibilidad de que la presidencia no quede en mano de alguna de las tres ministras con pase directo sino del abogado favorito de las redes sociales.
La elección judicial y las campañas se han convertido en las más extrañas porque lejos de la típica unidad partidista que se observa en procesos electorales, en este ejercicio, hasta las de casa se enfrentan entre sí. No parece que exista algún acuerdo tácito o expreso para, al menos, mantener respeto a los candidatos que impulsan ciertos sectores del oficialismo. Al contrario. En el ruedo hay candidaturas con las que simpatizan los fundadores de Morena y el enfrentamiento parece ser contra las candidaturas que impulsan los más pragmáticos. Los que no tienen el apoyo de unos ni de otros, simplemente, no están compitiendo. Al tiempo.