Sonora Power
Creo que para todos, propios y extraños, observadores y analistas, quedó muy claro que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y su gobierno obtuvieron lo que podemos calificar como un triunfo rotundo en la relación con nuestro país vecino y su gobierno, encabezado por Donald Trump.
Tras 2 meses y medio de jaloneos y empujones, y ante la muy seria determinación del gobierno mexicano de ofrecer acuerdos y colaboración, al final nuestro país obtuvo lo que buscaba, es decir un trato preferencial a partir de la experiencia de la muy eficaz sociedad comercial e industrial y la muy intensa interdependencia económica que viven ambos países.
Donald Trump obtuvo en muchos niveles lo que buscaba y lo que le prometió a sus electores, es decir, reducir el transito de aspirantes a emigrantes a su país y asegurar la frontera sur para frenar el ingreso masivo de fentanilo y otras drogas que envenenan a su sociedad.
Y esto le permitió ceder, tomar acuerdos y dejar a un lado sus posturas irracionales, lo he dicho en este espacio y lo reitero, Donald Trump es mucho más listo de lo que aparenta y entiende muy bien como funciona la economía y la estructura económica de su país, sabe de que países puede prescindir, entiende mucho de qué es lo que le aportan México y el T-MEC a los Estados Unidos y en realidad tiene fija su vista en otros enemigos.
Los aranceles de Trump si sorprendieron a algunos, en especial a quienes creyeron que serían tratados de manera preferencial por su cercanía con Estados Unidos, por su cultura, o por la comodidad que plantea a las corporaciones estadounidenses llevar sus producciones a esos países, para bajar costos, utilizar mano de obra muy barata y al final de cuentas abastecer de los productos más diversos a los consumidores estadounidenses, sin pagar aranceles o cuotas de ningún tipo.
Vamos, incluso en cierto nivel le concedo la razón a Trump, pues resulta inexplicable que equipos de alta sofisticación como las computadoras de última generación y los teléfonos inteligentes, sean diseñados en California y terminen produciéndose de manera masiva en Asia o que el calzado y ropa deportiva que utilizamos los consumidores en la zona del T-MEC, se manufacturen en Vietnam o Malasia, bajo condiciones de explotación laboral, maximizando ganancias para las empresas, pero sin darle réditos a las personas y sin pagar los impuestos relativos por su fabricación.
No hace mucho tiempo México formaba parte de esa estructura, nuestra fortaleza era la oferta de mano de obra barata y los gobiernos del pasado neoliberal incluso vendieron esa idea de que nuestro país ofrecía esa gran reserva de recursos humanos, a los que se podían pagar sueldos de hambre sin que existiera en lo absoluto un compromiso de índole moral o algún contrato social con esas personas que simplemente era utilizadas como fuerza de trabajo.
El neoliberalismo como tal incorporo esa visión, aunque a la llegada en 2018 de la visión humanista de Andrés Manuel López Obrador, esto comenzó a cambiar, al grado que una de las revoluciones que se planteó fue incrementar el salario mínimo y los sueldos nominales que se pagan en México y dignificar el trabajo de las personas.
Como ya sabemos, en la lógica de malbaratar al país como un destino de mano de obra barata, se propiciaron todos los problemas que hoy se padecen en México, pues la pauperización de la población, llevó a la criminalidad como opción de vida, con la marginación y la pobreza como los caldos de cultivo de esos problemas que aparecen exacerbados.
De hecho fue en esa época también en la que millones de mexicanos decidieron irse a buscarse una mejor vida en Estados Unidos. En México no había presente, mucho menos futuro.
Pero que las cosas cambiaran en México, no significa que no se pudiera seguir con ese modelo en otros lugares, pero el detalle es que en muchos de esos países de Asia se generó un fenómeno, que llevó a que incluso la oferta salarial rebasara lo que se pagaba en nuestro país y así México se convirtió en un país de obreros pobres y patrones inmensamente ricos, exacerbando la desigualdad.
Y esto trajo como consecuencia que las grandes corporaciones decidieran salir de Estados Unidos como centro fabril, por los altos costos relacionados a mano de obra e irse a lugares que como México, China, Taiwán, la India, Vietnam y muchos otros, abarataran los costos de producción
La visión de Donald Trump es que la industria de Estados Unidos podrá recuperarse con su estrategia, es decir apretar en la parte de costos en el exterior, para obligar a las empresas a producir en su país.
Ignoro si esto sucederá, la diferencia en costos que se manejan en muchos países que siguen manejando el viejo modelo neoliberal es muy alta, y creo que aún con elevados aranceles, muchas empresas preferirán bajar su diferencial de ganancias, antes que trasladar sus líneas de producción los Estados Unidos, donde enfrentan costos en sueldos y salarios 20 veces más altos.
El de México es hoy un panorama distinto, Estados Unidos necesita de México, tanto como nosotros de ellos, los costos relacionados con producción siguen siendo bajos en nuestro país, respecto a los sueldos que se pagan al otro lado de la frontera.
Hoy en día el mínimo promedio en ese país es de 15 dólares la hora, lo que equivale a una jornada de 2 mil 400 pesos mexicanos diarios, es decir al menos 8 veces más de lo que se paga como salario mínimo en México.
No obstante ese diferencial crece de manera relevante cuando se trasladan los costos a otros países que si fueron castigados con intereses recíprocos.
México además de un mercado laboral con menores costos, ofrece experiencia en desarrollo de procesos industriales de altas especificaciones, cercanía geográfica, facilidades logísticas, reservas de recursos humanos, recursos naturales y un mercado interno en expansión, que es a la vez muy atractivo para las empresas de Estados Unidos, que nos venden todo tipo de bienes y servicios.
Todos esos factores están a la vista del gobierno de Estados Unidos, que ha decidido ante el entendimiento con Sheinbaum Pardo y su equipo, dejar a un lado los aranceles punitivos, exentar a México de los aranceles recíprocos y al final de cuentas sacar partido de las ventajas competitivas de su sociedad con nuestro país y de una muy importante razón de Estado, que para Donald Trump significa haber encontrado la vía para los acuerdos en materia de seguridad.
Ayer la presidenta Claudia Sheinbaum presentó adecuaciones al Plan México, buscará acelerar el paso en desarrollo de infraestructura y sustitución de importaciones, también en autosuficiencia energética y alimentaria.
Está claro que la postura de nuestra presidenta es tomar la oportunidad que el nuevo escenario en la relación bilateral plantea, sacar ventaja de condiciones únicas, donde México jugará con ventaja frente a otros adversarios comerciales con los que compite y con esto, cumplirá antes de los plazos previstos con la visión de transformar al país.
Lo dijo en su mensaje con claridad: “El Plan México, es el camino que nos llevará a un México con más empleo, bien remunerado, con menor pobreza y desigualdad, con mayor inversión y producción, con más innovación, menor contenido de carbono, que respete al medio ambiente y aumente nuestra autosuficiencia y soberanía”.
Y la verdad, al calor de los acontecimientos recientes, hoy México está mucho más cerca del florecimiento de su economía y de alcanzar metas como disminuir la desigualdad, mejorar la calidad de vida de todos los mexicanos y optimizar el desarrollo de la economía.
Correspondencia a demiandu1@me.com | X: @Demiandu
#SonoraPower