A pesar del movimiento telúrico provocado por el anuncio del presidente Trump sobre los aranceles impuestos a un gran número de países del mundo, México y Canadá han salido relativamente bien librados.
Derivado de su membresía del T-MEC, y por tanto, por el hecho mismo de que la mayoría de los productos importados y exportados entran dentro de las exenciones previstas por el tratado, los dos países vecinos de la primera economía mundial podrían resultar menos perjudicados que el resto.
La presidenta Claudia Sheinbaum, acto seguido, en un discurso demagógico propio del consabido populismo cuatroteísta, aseguró ayer en la mañanera que ello había derivado de la buena relación bileteral entre México y Estados Unidos y que había “mucho pueblo”; con esa típica concepción maniquea y manipuladora sobre la acepción misma del término.
En otras palabras, como bien han señalado otros analistas, la exención de aranceles será hábilmente utilizada por el régimen para cantar a viva voz cuan eficaces, talentosos y buenos gobernantes son los funcionarios de la 4T, y por haber salvado, gracias a sus acciones –aseveran– a México de la catástrofe económica que se cierne sobre el resto del mundo.
¡Imagínense si nosotros no gobernáramos, y lo hiciera el PRI o el PAN! ¡Imagínense! Repetirán una y otra vez los oportunistas miembros del régimen.
No es necesario grandes dotes analíticos ni ser preclaro en asuntos internacionales para caer en la cuenta que no se debe a Sheinbaum el hecho de que México no se encuentre en la lista de países con aranceles recíprocos, sino que ha derivado de intereses comerciales de los propios estadounidenses, de la integración económica de los tres miembros, y desde luego, de las disposiciones contenidas en el T-MEC.
Sheinbaum, sabedora de su gran popularidad (sean cual sean las razones de los resultados de esos sondeos) echará mano de su mañanera para vender a sus bases lo que siempre han hecho: tergiversaciones de la realidad con un altísimo contenido de medias verdades, y en ocasiones, mentiras.