Quizá por el reciente hallazgo del rancho Izaguirre en Teuchitlán; quizá porque nos encontramos en las horas decisivas de la negociación de aranceles con Estados Unidos, o bien porque, en el mismo lugar, unos días antes, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, llamó a detener la violencia en ese recinto... Será por una, por otra o por todos estos motivos, pero la proyección de las fotografías de “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, y después de “El Chapo” Guzmán, líder histórico del Cártel de Sinaloa, durante la presentación de Los Alegres del Barranco, prendió los focos de alerta dentro y fuera del país.

El municipio de Zapopan, donde se ubica el auditorio en el que se realizó el evento, multó a los organizadores. La presidenta Claudia Sheinbaum dijo que no estaba bien y que se investigaría, mientras que Estados Unidos, en corto, les retiró la visa a Los Alegres del Barranco

Esta polémica pone sobre la mesa un debate que debemos asumir con responsabilidad: el equilibrio entre la libertad de expresión y el control de las autoridades. ¿Dónde quedó eso de “prohibido prohibir”?

Una pregunta: ¿en el repertorio de Los Alegres del Barranco hay canciones que hacen apología del narco? Sí. Por ejemplo, El dueño del palenque y El 701 son claras alusiones a los capos del narco. El problema —y lo deben entender las autoridades— es que la narcocultura existe y no se puede eliminar por decreto. Si se prohibieran los intérpretes bélicos, la lista sería muy larga: desde los históricos Tigres del Norte, hasta Peso Pluma, Natanael Cano o incluso la polifacética Belinda, que también ha incursionado en este género.

Tendrían que censurar o bloquear la mitad del catálogo de plataformas como Netflix, plagadas de narcoseries, y buena parte de las series gringas que llegan en señal abierta o de pago. Si Estados Unidos aplicara el mismo criterio, tendría que quitarle la nacionalidad al actor Al Pacino, pues no hay mayor apología del narco y la violencia que la contenida en la película Caracortada (Scarface) y en las tres partes de El Padrino.

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Ninguna manifestación artística o cultural genera la violencia o la delincuencia. Ni Los Alegres del Barranco ni ningún otro intérprete de corridos bélicos, películas o series son culpables de lo ocurrido en el rancho Izaguirre ni de la violencia provocada por el crimen organizado. El origen de esta violencia y muerte está en la incapacidad de las autoridades para combatir a estos grupos criminales y en la corrupción de varios servidores públicos y políticos, tanto en México como en Estados Unidos.

En el panorama musical y visual tal parece que predominan los narcocorridos y las telenovelas. Ante esta aridez, lo importante sería diversificar la oferta cultural y de entretenimiento para toda la población y para todos los gustos. Debe acabarse con ese mito de que al prohibir algo desaparece, cuando lo importante es dar alternativas para el libre albedrío y el ejercicio de la libertad individual, como lo establece nuestra Constitución y es propio del espíritu humano.

No conocía a Los Alegres del Barranco, no soy partidario ni me gusta su música. Ya no podrán viajar a Estados Unidos, pero ganaron una enorme notoriedad. Nunca se pierde o se gana del todo. Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.