En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales y medidas proteccionistas, el gobierno de México ha dado una lección de diplomacia y estrategia económica al evitar la imposición de aranceles por parte de la administración de Donald Trump. Mientras otros países enfrentan los llamados “aranceles recíprocos”, México logró ser excluido de esta medida, demostrando que el diálogo inteligente y la firmeza bien calculada rinden frutos.
Este éxito no es menor. En un contexto en el que Estados Unidos ha optado por una política comercial agresiva, la capacidad de negociación de México ha sido clave para proteger los intereses económicos del país.
Los resultados se reflejan, por ejemplo, en el comportamiento del peso mexicano. La moneda nacional obtuvo una apreciación frente al dólar de 2.50%, registrando una ganancia de 51.22 centavos. Esta recuperación no es casualidad, sino consecuencia directa de la certidumbre generada por un manejo hábil de las negociaciones y que confirma que los mercados perciben con optimismo este manejo.
Sabemos que el desafío no termina aquí, sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado habilidad en la negociación inmediata, dejando claro que, ante la adversidad, sabe defender sus intereses sin caer en confrontaciones estériles.
En momentos de amenaza de fragmentar el comercio internacional, México ha demostrado que el camino no está en las guerras comerciales, sino en la capacidad de negociar con inteligencia y visión de largo plazo. El fortalecimiento del peso es solo el primer reflejo de un éxito que, de mantenerse esta ruta, podría traer más beneficios económicos en el futuro.
Y aunque algunos comentaristas refieren que el éxito dependerá de la capacidad para anticiparse a los riesgos, el Plan México ya se posiciona como una estrategia no solo para defenderse ante las adversidades externas ante un escenario comercial cada vez más impredecible, sino de avanzar hacia un modelo de desarrollo más justo y sostenible.
El Plan no solo busca fortalecer el mercado interno, sino también transitar hacia una economía basada en el conocimiento, incrementando la resistencia ante choques externos y preparando al país para retos futuros, pues entre sus objetivos clave están la disminución de la pobreza y la desigualdad, así como la atracción de un portafolio diversificado de inversiones, tanto nacionales como extranjeras.
Al contar con una visión de largo plazo que busca diversificar la economía, impulsar la innovación y mejorar la productividad, se reducirá la vulnerabilidad de México frente a decisiones unilaterales como los aranceles estadounidenses, sentando las bases para un crecimiento más estable e incluyente.