Hagamos un análisis de la situación de los narcocorridos y la apología al narcotráfico que nuevamente vuelve a acaparar titulares ante el homenaje que un grupo dedicado a este género musical hizo a un conocido líder de un cártel.

Los estadounidenses financian a los grupos delictivos en México mediante sus decenas de millones de adictos (provocados, en buena parte, gracias a sus cárteles de la droga, allá denominados Big Pharma, que recetaron opiáceos cómo dulces en Día de Brujas durante un par de décadas). Estados Unidos, mediante sus armerías, provee de armamento grado militar y municiones ilimitadas para quien pueda pagar.

Y las casas productoras gringas nos llenan, mediante servicios de streaming estilo Netflix y casas productoras y disqueras, de narcocultura basura que glorifica a esos grupos criminales y a ese estilo de vida que tanto sufrimiento ha causado en nuestro país.

México, por supuesto, lo que pone son los muertos y desaparecidos. Personas jóvenes, principalmente del sexo masculino que en la mayoría de los casos terminan en prisión, en el panteón o ausentes, en la nada.

Y así, mientras no se rompa una parte de este círculo vicioso, seguirán las cosas. Por supuesto, en México podemos hacer algo: Dejar de consumir la basura de estos pseudoartistas. Rechazar la porquería de narcoseries y narconovelas con la que productores estadounidenses y actores mexicanos y extranjeros ganan millones. Pero mientras no se resuelva, de alguna manera u otra, el insaciable apetito de drogas duras por parte de la atomizada sociedad estadounidense, las cosas cambiarán muy lentamente.